¿Por qué le llaman amor cuando quieren decir sobras?

Jéssica Rodríguez, expareja de José Luis Ábalos, llegando al Tribunal Supremo, en una imagen de archivo
Act. hace 29 min
Jefe de Media
2 min

El verbo confirmar no debería usarse a la ligera. En el titular del Abc “La trama Ábalos confirma en el Supremo los sobres de Ferraz” se comete la habitual trampa de coger un testimonio que nos alegra los oídos, editorialmente hablando –en este caso, el hermano de Koldo–, y convertir su relato en verdad mediante el poder de esa palabrita mágica. En realidad, el hermano declara, acusa, asegura, manifiesta o afirma, pero confirmar lo debería hacer alguien otro. La Razón también se agarra a una declaración clarísimamente de parte para convertirla en aparente verdad confirmada: “El hermano de Koldo agita los pagos en sobres de Ferraz”. Por el camino, se les ha caído la partícula presuntos, antes de pagos. No niego la existencia de los sobres, solo digo que un testimonio no puede darse por bueno de esta brava manera.

Al otro lado del quiosco, los sobres no merecían tanta atención (y hay que preguntarse, claro, si es por esa pulcritud periodística o porque conviene políticamente). “Ábalos carga contra Jessica Rodríguez”, titulaba por ejemplo El País, que en su portada libre de sobres se apresuraba a señalar que los testigos habían caído en contradicciones y ponía el énfasis en el hecho de que el abogado del exsecretario de organización del PSOE insinuara que su supuesta examante se dedicaba en realidad a la prostitución. Cuando está en juego la existencia de corrupción dentro del partido de gobierno, que las motivaciones de Rodríguez fueran amorosas o dinerarias parece un detalle sin trascendencia, pero supongo que sirve como distracción entretenida para encajar este caso en el costumbrismo casposo de los pecados carnales: restos de cocaína en hoteles vandalizados y sexo de pago. La pregunta, claro, es quién pagaba la fiesta. Y la sospecha, que éramos usted y yo, de alguna manera y siempre.

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