La noticia del ataque de los Estados Unidos (y Israel) a Irán ha dejado bastante descolocada a la prensa, de modo que la mayoría de titulares son estrictamente informativos. Hay diarios que daban por muerto a Jamenei; otros se curaban en salud y recordaban que eso era, al menos, lo que aseguraban las fuentes oficiales americanas. Entre los que sí que dejaban resbalar la mirada más allá de los hechos estaban, por ejemplo, El Periódico y El Punt Avui, que coincidían en su alicortado titular de sonoridad arabesca “Y ahora, Irán”, con el que ligaban la acción militar a la deriva belicista de un Trump que ha resquebrajado las reglas del derecho internacional. Curioso autopostulado al Nobel, que ya ha atacado dos países soberanos –por lamentables que fueran sus respectivos regímenes– sin encomendarse al Congreso o, al menos, a la OTAN. El deportivo Marca, por cierto, también abre con la noticia –“El mundo, en alerta”–, quizá por genuino interés y para asegurar que M. Rajoy se entere de la noticia, o quizá porque eso les permite poner en pequeño el triplete de Yamal (que sí es foto de primera página en el también madrileño As). En cuanto a la prensa del mundo, me llama la atención La Stampa, con un editorial en portada que arranca con una cita de Frankenstein, de Mary Shelley, para explicar que, por abominable que fuera el ayatolá, no hay ninguna certeza de que la acción de los EE. UU. sea a favor de los derechos democráticos de los iraníes. Pero todavía me parece más afilada la primera página del suizo Blick. El titular es “La guerra más grande de Trump”, bastante neutro, pero está en la foto donde está la ponzoña. La portada está partida en dos imágenes. A la izquierda, el presidente americano; a la derecha, el ayatolá muerto. El encuadre de ambos es similar, en un plano frontal que los iguala. Son dos líderes supremos. En oposición, sin embargo, dos caras de una misma moneda, según indica la semiótica. Lo cual quiere decir que ya podemos ponernos a temblar.