La caverna nunca está contenta. Tanto que bramaban contra la desintegración de España por los movimientos independentistas y ahora que tienen la oportunidad de consolidar demográficamente un estado con saldo vegetativo negativo con medidas como la regularización de inmigrantes y la ley de 'nets', todo son problemas. Sobre los recién llegados no hay que esforzarse: se mezcla la vieja xenofobia con el debate legítimo sobre el encaje, si bien la cruda (y perversa) realidad es que sectores enteros de la economía española se derrumbarían si se dejara de importar mano de obra barata. La ley de 'nets' da más juego, porque el PP le había dado apoyo. Es cierto que ahora se ha introducido una instrucción que amplía supuestos y permite una naturalización más fácil. Si antes había que justificar haber sufrido exilio en la familia, ahora se pueden esgrimir también motivos económicos por haber dejado España en su momento. Pero es que detrás de estos exilios económicos a menudo estaba también la mano del franquismo, que favorecía a los afines con estancos y administraciones de lotería mientras silenciaba y reprimía a los repatriados.Tu rostro mañana, de Javier Marías, es una muy buena novela para entender el ostracismo al que se vieron empujados muchos republicanos, como el padre del autor.
En todo caso, los diarios de derechas siguen alimentando la idea de pucherazo electoral: “Los recursos para frenar la ley de 'nets' no se resolverán antes de las elecciones”, titula el Abc en portada. Claro que se puede ver intención política, en la medida, pero el subtítulo es exagerado y suena a amenaza cuando dice que “permite un aumento del censo electoral de hasta 2,5 millones de personas”. Esto es como la cruz de Cristo, que si sumas todos los trozos de madera que se guardan como reliquia te salen trece o catorce cruces. En este caso, si sumas todas las proyecciones cataclísmicas por culpa de las leyes de Pedro Sánchez te deben salir 100 millones de españoles. Oye, Alemania: ¿a qué quieres que te gane?