Las leyes ómnibus son la traslación a la política de lo que te enseñan en primero de paternidad: que a la merluza a la plancha le puedes poner unas Ruffles Matutano (ahora Lays, pero soy de la vieja guardia) para intentar que el vástago no barre el plato entero con su adorable brazo. El PSOE ha emplatado una ley ómnibus donde, junto a la merluza, ha puesto a las Ruffles de las pensiones. El objetivo, claro, es retratar a quienes no estén en la mesa: ¿cómo puedes votar en contra de subirles la pensión a nuestros sufridos abuelos? Es una jugada pícara y, francamente, poco edificante porque está pensada para retratar a los partidos rivales y ponerlos entre la espada de parecer condescendientes con el partido de gobierno y la pared de dar la espalda a una medida popular.
La estrategia, por supuesto, no funciona sin una política comunicativa clara. Y por eso hoy me ha sorprendido entre cero y nada ver que, en portada, El País titulaba: "El PP rechaza el decreto ómnibus que incluye la subida de pensiones". La reacción que se busca es evidente. La Vanguardia también destacaba el tema en portada, con una formulación similar: "Juntos avisa de que votará en contra del decreto ómnibus de las pensiones". Que los dos medios con mayor complicidad con el sanchismo sean los dos únicos que hablan de ello en primera página, y que lo hagan en estos términos, evidencia el éxito de esta técnica. Es decir, que el PP y eventualmente Junts quedan malparados en los titulares de ambos diarios, aunque en la ecuación también se podría poner a los socialistas. De hecho, es posible que La Razón, que a veces va un día tarde (o varias décadas, pero eso es ya otro tema) acabe titulando: "El PSOE se resiste a separar las pensiones de la ley ómnibus" y sería una mirada también válida al mismo problema. Y, mientras tanto, los pensionistas con el alma en el corazón, y todos preguntándonos que cómo puede que la gente pase cada vez más de la política.