Víctor de Aldama declara al Tribunal Supremo
30/04/2026
Jefe de Media
2 min

Ya aviso que no tengo solución para el problema que planteo. Se habla a menudo de la pena de telediario que comporta que el nombre de alguien procesado judicialmente se arrastre por las portadas y los programas informativos pero que después se le exonere de culpa: la lesión a su reputación es difícil de reparar. Pero aún hay un efecto más perverso, que es cuando alguien pasa por los tribunales en calidad de acusado y, aprovechando que en la práctica puede construir su defensa sobre mentiras, aprovecha para encender el ventilador. “Aldama intenta implicar a Sánchez sin pruebas en la trama”, titula El País, donde el peso de la frase recae en la debilidad de la acusación del comisionista. Pero hay periódicos, claro, con menos escrúpulos. El Mundo opta por “Aldama inunda el juicio de detalles de la financiación ilegal con Sánchez”. Hay que aplaudir la finaza del rotativo: estos detalles –¡en diluvio, ni más ni menos!– seguro que acaban convertidos en pruebas incriminatorias en el cerebro del lector. Pero lo cierto es que hasta Eduardo Inda –poco sospechoso de profesar simpatía por Pedro Sánchez– admitía en un vídeo que Aldama no había depositado ninguna prueba en sede judicial que sustentase su relato.

Regular esta pena de telediario indirecta es difícil, aunque en realidad los acusados no están exentos de poder cometer perjurio. En realidad, el problema no son sus bravatas ante el juez para conseguir protección de quienes les han dejado caer, sino que el drama es periodístico. La culpa es de los medios que no son lo suficientemente honestos para consignar la ausencia de hechos demostrados en acusaciones resentidas. De hecho, algunos ya hacía días que avanzaban esta maniobra de embarrar, pero es imposible fiscalizar estas campañas, que se aprovechan de la libertad de prensa para hacer un abuso. Como mínimo, hay que señalarlo, porque perjudican la percepción del periodismo en conjunto.

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