La profecía apocalíptica del 'Todo se mueve'
El jueves al mediodía, Helena Garcia Melero llevaba a un experto a la mesa de Tot es mou para valorar la situación económica y geopolítica mundial. Nada más empezar, la presentadora activaba el marco emocional atribuyendo al investigador del CSIC, Antonio Turiel, una angustia visible incluso antes de que empezara a hablar: “Te he saludado hace un momento y nada... con una mirada tu preocupación era evidente...”. Más que presentar al especialista arrastró a la audiencia a un estado de ánimo.Durante su análisis, el científico, con un tono muy pesimista, recordó los problemas de suministro de queroseno e hizo un vaticinio: “Lo que viene detrás es el diésel. Entonces en Europa habrá un problema de aprovisionamiento de diésel”. La presentadora dedujo que esto implicaría turnos de circulación según las matrículas o recomendación del teletrabajo. Turiel sentenció con contundencia: “Esto es inevitable. Esto pasará”. Acto seguido, un letrero en la pantalla lo convertía en noticia: "Habrá que alternar matrículas, compartir coche y adoptar medidas de urgencia". El vaticinio de un único experto ya era una verdad absoluta antes de que los hechos pasaran.Seguro que los conocimientos del investigador del CSIC son sólidos. Pero una cosa es trabajar con hipótesis, datos, descripción de tendencias y planteamiento de escenarios y la otra, muy diferente, ofrecer verdades absolutas, anunciar catástrofes inevitables y convertir opiniones personales en profecías. Porque entonces hacemos de la autoridad científica una especie de oráculo. Turiel advirtió de los problemas de Europa con la estabilidad eléctrica y con el abastecimiento de medicamentos, y anunció futuras guerras por los recursos. Melero le preguntó: “¿Se habla de un electrochoque... Cómo lo hemos de entender?”. Y aquí llegó el gran desastre: “Vamos hacia una crisis económica sin precedentes. A mí me da rabia hablar de crisis económica porque están matando gente, eh... [...] y mataremos mucha más gente porque una cosa que está parada son los fertilizantes”. Y el panorama devino aún más dramático: “Todo el problema que hay con los fertilizantes garantiza unas cosechas muy malas este año. Además, es un año que puede ser muy caluroso y, por lo tanto, aún lo complicará todo más. Y entonces ya estaremos hablando de millones de muertos. Y yo creo que es lo más preocupante de todo”. Melero, espantada, le daba la razón: “¡Claro!, ¡claro!”. Puede que Turiel acierte y pase todo lo que dice. No se trata de ponerlo en duda, pero sí de cuestionar la manera de expresarlo. Añade un estado anímico al análisis, incorpora opiniones sobre lo que pasará como verdades irrefutables, y usa un tono asertivo determinista (“Esto es inevitable”, “Esto pasará”, “Habrá millones de muertos”) que más que plantear hipótesis nos anuncia un destino fatal e inexorable. Convierte un montón de escenarios plausibles en una cadena de desgracias sucesivas sin margen de error. Y Melero reforzaba el alarmismo. Viendo el Tot es mou pareció que la enorme complejidad del mundo quedaba reducida a una sencilla profecía televisiva más propia de los adivinos que de los científicos.