Rita Barberá en una imagen aparecida en el episodio de 'Salvados'.
07/09/2026 - 20:30 h.
Periodista y crítica de televisión
2 min

Salvados arrancaba la temporada este domingo con un retrato póstumo, en dos actos, de Rita Barberà, alcaldesa de Valencia durante 24 años, marcada sobre todo por la época del pelotazo del PP, y figura clave del partido en tiempos de Mariano Rajoy. El programa comenzaba con el Réquiem de Mozart, anticipando el final dramático de la protagonista, mientras se alternaban fragmentos de cuadros de la Francia revolucionaria y napoleónica como metáfora de su progresión política: desde el poder institucionalizado más obsceno y respetado por las élites hasta la agitación popular y el linchamiento final.Gonzo entrevistaba a amigos, compañeros de partido y rivales políticos para explicar con detalle la trayectoria de Barberà. Las dos partes del programa utilizaban el folclore de Valencia para representar las dos etapas: la mascletà, sobre la gran eclosión y apogeo de la alcaldesa, y la cremà, para hacer referencia a la bajada a los infiernos de la protagonista traicionada por el propio partido. El entorno de Barberà –con Francisco Camps, José Manuel García-Margallo, la concejala Mayrén Beneyto y la periodista María Consuelo Reyna– construyó una hagiografía del personaje que se hacía un poco difícil de digerir desde la perspectiva actual. Beneyto y Reyna, además, hablaron con la franqueza de quien ya no necesita hacer cálculos políticos para elegir las palabras. El rey emérito quedó retratado en la historia como el instigador principal de colocar a Urdangarin en los pesebres de aquella Valencia opulenta que organizaba regatas, carreras de Fórmula 1 y lo que hiciera falta para llenar el bolsillo. El programa estaba repleto de imágenes de archivo que recuperaban la política delirante de la chulería y la corrupción, con los grandes hits de Barberà, su "caloret faller" y los bolsos de Louis Vuitton.Las sombras de Rita Barberá sirvieron para retratar las luchas fratricidas del PP durante el desplome del partido, con Rajoy al frente. Del ruido de los petardos y el humo que todo lo tapaba al hedor a chamusquina. Pero aquí el programa parecía más interesado en recordar toda la putrefacción interna del partido y la poca moral de los líderes que en profundizar bien en el legado político de Barberá y las secuelas para la ciudad de Valencia.Era inevitable preguntarse por qué ahora, casi diez años después de su muerte, se recuperaba la figura de Rita Barberá para arrancar el curso televisivo. En un momento en que todas las cadenas privadas dedican gran parte de la parrilla a cargar contra Pedro Sánchez y el PSOE, parecía un planteamiento para compensar el pim-pam-pum de la derecha mediática. Por otra parte, el programa sobre Barberá volvía a evidenciar la inercia periodística de profundizar en los grandes episodios políticos cuando ya es demasiado tarde. Es verdad que facilita que los testigos hablen con más franqueza, pero el periodismo y la indignación de los ciudadanos ya se han transformado en el recuerdo de una época.

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