Sèries
Media 10/05/2021

'Shameless', el triunfo del puente aéreo entre el Reino Unido y los EE.UU.

La serie de Showtime ha aguantado once temporadas en antena después de que su versión original británica también las tuviera

3 min
William H. Macy en el papel de Frank Gallagher

BARCELONAQue una serie actual consiga llegar en forma a la undécima temporada es casi un milagro. El último prodigio en conseguirlo ha sido Shameless, ficción de Showtime que en Catalunya se puede ver a través de Movistar++. La familia disfuncional que han formado Frank Gallagher, encarnado por William H. Macy, y sus seis hijos se ha marchado definitivamente de la parrilla, como una de las ficciones que mejor se han adaptado al contexto pandémico. Tanto es así que en su temporada final el protagonista sufre coronavirus, un hecho crucial en el desarrollo de este epílogo de la serie y que ha mostrado los excelentes reflejos del equipo de guionistas dirigidos por John Wells.

Shameless se ha despedido sin ser una ficción ni favorita de un público extraordinariamente masivo, ni de la crítica especializada, a pesar de haber coleccionado nominaciones a los Emmy –sobre todo centradas en los papeles que encarnaban Macy y Joan Cusack–. Su victoria se sustenta en haber fidelizado a una audiencia que ha seguido con entusiasmo las peripecias de uno de los personajes más autodestructivos y suicidas de la historia de la televisión. El carisma y carácter de Frank Gallagher lo destaca como uno de los personajes televisivos que más y mejor ha jugado con la autoironía, hasta el punto de llevar tatuada en el pecho la frase "Do not resuscitate" ("No me reaniméis"). Pero hay un hecho que hace que esta sea una serie todavía más especial y rara avis: a los 134 episodios emitidos entre marzo del 2011 y abril del 2021 podemos sumar 139 más, los de la versión original británica. Esta equiparación entre auténtica y remake es prácticamente inédita en el traslado de series entre países.

El fin de Shameless cierra uno de los episodios más brillantes en el habitual puente aéreo entre series británicas y norteamericanas. Como si fuera un banco de pruebas, algunas de las ficciones más brillantes del Reino Unido han acabado siendo nuevos productos en los Estados Unidos, ya sea manteniendo nombre y argumento o siendo una inspiración. Es un fenómeno que se ha ido sucediendo en el tiempo (de hecho, hay un centenar) pero que se ha acentuado los últimos veinte años. En el caso de Shameless, a pesar de que la versión norteamericana ha conservado los personajes clave y durante las dos primeras temporadas siguió el hilo argumental de la serie madre, a medida que ha ido avanzando se ha ido diferenciando narrativamente del original. 

Las diferencias entre las dos ficciones no solo son de argumento: del mismo modo que pasó con las versiones estadounidenses de The office y Queer as folk, los protagonistas han convivido en un ambiente general más amable y adaptable al mainstream. Frank Gallagher, que vive en un Chicago bastante menos agresivo que los suburbios de Manchester, es un horroroso padre de familia vividor, trepa y egoísta... pero entrañable. En su homólogo británico, en cambio, no había piedad: era un personaje absolutamente detestable. Esta tendencia americana a endulzar, o hacer más fácil de tragar para el gran público, fue muy palpable con el protagonista de The office. Era prácticamente imposible no acabar queriendo a Michael Scott, el director de oficina al que interpretaba Steve Carell en la versión estadounidense, del mismo modo que era bastante improbable hacerlo con David Brent, el insalvable original de Ricky Gervais. Precisamente el cómico inglés es especialista en trasladar el lenguaje narrativo propio y el sentido del humor británico sin filtros ni moralejas a los Estados Unidos. En este sentido, las penetrantes galas de los Globos de Oro, tan reconocidas que ya lleva cinco, o la coproducción transoceánica entre HBO y BBC, la extraordinaria Extras, demuestran que el público norteamericano no siempre necesita el trasfondo con tendencia a aleccionar que han tenido algunas de las adaptaciones hechas en su país.

De momento, los remakes de series inglesas que viajan a los Estados Unidos para hacer nueva versión parece que no se paran. Uno de los últimos proyectos que aparecieron en la parrilla fue la adaptación americana de Utopía, serie británica emitida en Channel 4 entre 2013 y 2014, que llegó el año pasado a Amazon Prime después de un intento fallido de David Fincher en HBO. La lista de posibles nuevas versiones que se han rumoreado, alguna incluida con especulaciones sobre la fecha de estreno, es larga e imaginativa y va desde Misfits, esa antigua serie de superhéroes de clase obrera con una brillante primera temporada, a la distópica Black mirror, de la que en 2015 se especuló con su versión estadounidense de la que no hemos vuelto a oír nada, entre otras muchas. Algunas, incluso, han sido abortadas antes del estreno: en 2006 se rodó un piloto para la versión norteamericana de The IT Crowd, pero gustó tan poco al presidente de la NBC que murió antes de nacer.

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