La tercera redacción del 'Washington Post'

Jeff Bezos.
31/03/2026
Jefe de Media
2 min

Es una especie de síndrome de Estocolm de la prensa: las víctimas tienden a querer parecerse a sus verdugos, a ver si por imitación se ahorran la guadaña que temen. En su intento de congraciarse con las nuevas generaciones, el Washington Post lleva dos años impulsando, con diversos nombres, lo que llaman "la tercera redacción". Se supone que las dos primeras son las dedicadas a la información y a la opinión –dos frentes que, en el periodismo anglosajón, suelen estar separados por un cortafuegos más ancho que el bigote de Aznar–, y que esta tercera correspondería a lo que solemos llamar creadores de contenidos. Se afanan en decir que los estándares de rigor y verificación han de ser los mismos, en una muestra clara de excusatio non petita. Es evidente que los periodistas de hoy han de saber adaptarse a los nuevos formatos audiovisuales y que hay personalidades de las redes bien capaces de actuar con método periodístico. Pero que el diario ahora se infle a contratar gente llamativa en las redes mientras se le marchan periodistas reconocidos es, como mínimo, inquietante. El problema del Washington Post, de hecho, es el adelgazamiento de su periodismo desde que Jeff Bezos ha decidido congraciarse con Trump. Y las ingerencias de la propiedad en la línea editorial para salvaguardar intereses económicos mayores. En estos últimos días, hasta una quincena de sus artículos eran teletipos de agencia. Se trata de una proporción inédita, porque este solía ser el último recurso de un diario bien nutrido de corresponsales por todo el país y del mundo. Hacer vídeos en las redes puede ser una buena manera de conectar con nuevos públicos y elWashington Post fue pionero hace años en TikTok. Pero todo hace pensar que está buscando el enésimo sustituto que esconda de puertas afuera el debilitamiento de la redacción. Nueva mala pieza al telar de una institución tocada, pero esperamos que no hundida.

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