Treinta y ocho horas después de que algunos diarios proclamaran desde sus portadas la “invasión” de España por la frontera de Ceuta, estaría bien tener acceso a una webcam que recogiera sus estupefactas reacciones cuando la vasta mayoría de personas que cruzaron el límite territorial volvieron a casa. Número de disparos efectuados para garantizar la integridad territorial: cero. Evidentemente, el caso ilumina la debilidad del Estado para prever y gestionar un fenómeno así, pero antes de cargar el Cetme verbal con palabras altisonantes quizá valga la pena aplicar el principio de prudencia y mirarlo con un poco de perspectiva geopolítica.
Lo mismo se podría decir para determinados líderes europeos de exaltación fácil, que ahora tendrán que recular mirando de no quedar muy en ridículo. Pero, de momento, estos politicastros aún prestarán un penúltimo servicio a la causa permitiendo que los diarios españoles anclados en la lamentación perpetua puedan titular gracias a “la reacción europea” en vez de tener que consignar la cruda realidad: que la inmensa mayoría de los “asaltantes”, como los llamaron, han seguido obedientes el camino de vuelta tan pronto lo pidió quien los activó. De hecho, ni El Mundo ni Abc recogían en primera página que tras el cruce masivo había seguido un repliegue también general; solo La Razón lo dejaba caer en un subtítulo. Y, después, estaban los medios como OK Diario que directamente se habían tomado la pastilla de Matrix para titular: “Aplausos y ovación al ejército en las calles de Ceuta: «Gracias a ellos, la mayoría de invasores se han marchado»”. Tremenda victoria militar; no habrá camiones para tanta medalla al mérito. A la crónica le falta media dosis de entusiasmo patriótico para incluir una nueva aparición de El Cid Campeador volviendo a ganar una batalla después de muerto, considerablemente más maltrecho y perjudicado que allá por el 1099, eso sí.