Zuckerberg se convierte en una IA para los empleados de Meta
Uno de los problemas de las organizaciones verticales es que todo el mundo quiere hablar con el jefe supremo pero su tiempo es limitado. Mark Zuckerberg lo piensa solucionar creando un avatar virtual de él, que imite el tono de voz, la apariencia y los gestos, creado con inteligencia artificial y entrenado con todo su corpus como máximo directivo. Es la apoteosis de la deshumanización de unas redes sociales que nos prometían el Xanadú de la conexión universal y las comunicaciones horizontales. Ahora, los trabajadores de Facebook, Instagram o WhatsApp ya no hablarán con su jefe directamente ni a través de los cargos intermedios que sirven sobre todo para eso, sino que chatearán con él. Si la práctica se extiende al resto de empresas, el resultado puede ser un festival. Si quiere aumento de sueldo, pulse 1. Si desea ser atendido en catalán, cuelgue, pesado.
La empresa lo vende con el argumento de que los trabajadores podrán sentirse más cerca de Zuckerberg y su aura de poder si un muñeco de apariencia más o menos realista regurgita frases ya pronunciadas anteriormente. Sería interesante saber si el creador de este imperio digital aceptaría que un trabajador se marchara unos cuantos días para resolver asuntos personales y dejara una IA suya para que fuera respondiendo y trabajando en piloto automático, pero cobrando él a finales de mes, claro. La inteligencia artificial obliga a la sociedad a repensar el papel del trabajo en esta era incierta. La versión amable del relato dice que es una herramienta que nos liberará de las tareas más tediosas y mecánicas. En cambio, Zuckerberg muestra aquí una versión más siniestra del cuento, en la que el factor humano se puede eliminar. Puede empezar por él mismo, porque sus ingresos no dependen de una nómina, sino de un beneficio empresarial, pero el camino que marca es inquietante, una pura distopía. Chaplin haría una buena secuela de Tiempos modernos. Quizá se lo podemos pedir a la IA.