¿Quién cuida a las cuidadoras?
Poner en el centro a las cuidadoras implica cuidarlas también a ellas. De su bienestar depende una buena asistencia. El cooperativismo de los cuidados no consiste solo en cuidar personas; también en cuidar a las personas que cuidan, y aquí las políticas de riesgos laborales juegan un papel primordial en la economía social.
La salud y el bienestar de las personas trabajadoras es de obligado cumplimiento en las empresas. La política de riesgos laborales aborda los temas de salud desde la prevención, y muchas organizaciones externalizan un servicio que vela por la salud física y mental de sus empleados.
Tradicionalmente, cuando se hablaba de prevención de riesgos laborales se pensaba en los sectores de la construcción, la industria o el transporte. Los riesgos han estado asociados a la condición física de los trabajadores, pero hoy en día los problemas se amplían a los emocionales. La salud mental, el estrés, el agotamiento emocional y los riesgos psicosociales están a la orden del día y, precisamente, el sector de los cuidados es uno de los más afectados.
El cooperativismo de cuidados vela, por definición, por la salud de las cuidadoras desde un punto de vista organizativo para garantizar un estilo de vida digna y ofrecer una mejor atención a las personas usuarias. El gran reto es cuidar también de la salud física y emocional de las profesionales que cuidan.
El cooperativismo no solo sirve para producir o vender servicios; también puede servir para proteger la salud de las personas que trabajan desde una perspectiva de cooperativa del conocimiento. Estas cooperativas están formadas por profesionales especializados (médicos, enfermeras, psicólogos, técnicos de prevención, ergonomistas, etc.) que han optado por organizarse siguiendo unos valores diferenciadores.
Sepra, un ejemplo único
La prevención de riesgos laborales no es un ámbito habitual dentro del cooperativismo. Aunque muchas entidades de la economía social destinan esfuerzos a mejorar el bienestar de sus plantillas —con protocolos de salud emocional, conciliación, prevención del burnout y participación de los trabajadores—, son muy pocas las que tienen esta actividad como objeto social principal. En este escenario, Sepra deviene una rara avis: una cooperativa acreditada que ha hecho de la prevención de riesgos laborales su razón de ser.
Sepra es el único servicio de prevención ajeno acreditado en Cataluña constituido como cooperativa de trabajo. Esta singularidad también aparece recogida por la Federación de Cooperativas de Trabajo de Cataluña y otros directorios de la economía social, en contraposición de Suara, por ejemplo, que cuenta con una plataforma de apoyo emocional, Benestarum, que ofrece un servicio de consultas cortas online con profesionales que acompañan las problemáticas de las personas trabajadoras a través de videollamadas (también en sesiones grupales en directo, online o presenciales).
“Para entendernos, en Sepra hacemos el mismo trabajo que el grupo Quirón, aunque obviamente somos más pequeños en dimensiones y nuestra mirada es diferente”, explica Guillem Llorens, al frente de esta cooperativa formada por 50 trabajadores –la mitad de los cuales son socios–, y que gestiona más de 1.500 empresas.
“El 60% de nuestros clientes son cooperativas y empresas de la economía social, pero el otro 40% son hornos, metalúrgicas, astilleros, etc. Nuestro posicionamiento como empresa se basa en criterios empresariales, de eficiencia y exigencia. Ofrecemos servicios profesionales con visión social, a precios que no son baratos, sino de acuerdo con los de mercado, porque el trabajo bien hecho tiene un coste”, añade,
Salud corporal y bienestar emocional
Sepra trabaja la salud colectiva a todos los niveles para garantizar organizaciones conscientes y saludables físicamente, mentalmente y socialmente; también la salud corporal y bienestar emocional dentro y fuera del trabajo, y vela por la calidad de los puestos de trabajo. Una de las grandes transformaciones de la prevención laboral de los últimos veinte años ha sido precisamente el reconocimiento de que la salud laboral debe incluir tanto la salud física como la mental.
“Esto pasa especialmente desde después de la pandemia. Nosotros, sin embargo, hace muchos años que trabajamos en esta línea y continuamos innovando, incorporando también la perspectiva de género a la prevención de riesgos laborales. En esto somos innovadores. También desarrollamos mecanismos de lectura fácil para centros especiales de trabajo con una metodología propia”, explica Guillem Llorens.
Con todo, “nuestra mirada hace muchos años que la ponemos en los riesgos que afectan a los temas psicosociales y el desgaste que supone atender a personas que cuidan personas mayores, con dependencia o con sinhogarismo. Esto nos hace estar más atentos porque, precisamente, estamos hablando de personas y no de extintores”, resume Llorens.
Y es que el futuro en el sector de los cuidados no depende solo de tener más profesionales, sino también de garantizar que estas profesionales trabajen en condiciones que preserven su salud física y emocional, y “nosotros damos una respuesta amplia más allá de lo que obliga la ley”, concluye.