La dependencia, el envejecimiento y la conciliación como grandes retos
Las cooperativas de cuidados abren una nueva vía en la calidad asistencial, la dignidad profesional y la gestión democrática. Cataluña es uno de los territorios más activos del Estado en este ámbito.
En una sociedad cada vez más envejecida, donde crecen las necesidades de atención a las personas mayores, dependientes o con discapacidad, el sector de los cuidados afronta el reto de dar respuesta a una demanda creciente sin reproducir la precariedad laboral que históricamente ha acompañado estos trabajos.
A menudo feminizadas, invisibilizadas y poco reconocidas, las tareas de cuidado reclaman ahora nuevos modelos organizativos que pongan en el centro tanto la calidad de la atención como las condiciones laborales de las profesionales que las hacen posibles.
En Cataluña, propuestas como las de Suara centran el debate de los cuidados como derecho y no como negocio. Suara es una de las organizaciones de economía social más relevantes en todo el territorio y desarrolla servicios en los ámbitos de la infancia, la juventud, la atención domiciliaria, la dependencia, la inclusión social, la formación y el empleo.
La organización nació en el año 2008 a raíz de la fusión de tres cooperativas sociales catalanas con una larga trayectoria previa en servicios de atención a las personas. Su estructura se basa en los principios cooperativos de participación democrática, con una asamblea de socios como máximo órgano de decisión y un modelo que promueve la implicación de las personas trabajadoras en la gobernanza.
“A raíz de la nueva ley de servicios sociales, el nuevo marco regulador de la Ley de Contratos del Sector Público y la ley de autonomía y dependencia, que ahora cumple 20 años, nos planteamos cómo poder ser competitivas para sostenernos con un proyecto cooperativo y con unos valores ante el mercado que se abría y que fue visto como una oportunidad para empresas constructoras y de servicios expertas con licitación pública”, explica Laura Peracaula, codirectora general de Suara Cooperativa. “Durante estos años trabajamos para mantenernos vivas, creciendo de manera sostenible y haciendo la alianza fuerte para no acabar desapareciendo como pasó a otras cooperativas pequeñas y no tan pequeñas”, recuerda.
Un reto a largo plazo
El reto fue mayúsculo entonces y lo es todavía ahora, especialmente en los cuidados a la gente mayor. “La franja de los 65 años es cada vez más amplia y esto implica que debemos ser sostenibles a largo plazo. Desde Suara trabajamos en ello y si decimos que uno de nuestros valores es la innovación es porque necesitamos avanzar y transformar en este sentido”.
La cooperativa reinvierte todos sus excedentes para dar respuesta a su propósito y buscar soluciones a nuevos retos. En el ámbito de la gente mayor, desde el Social Digital Lab han salido proyectos contrastados como el Casal TV (un espacio participativo e interactivo que combate la soledad no deseada desde la televisión), la sensorización del hogar (que detecta patrones y se anticipa a cualquier incidente) o la creación de espacios virtuales (para la mejora del deterioro cognitivo).
Los tres proyectos están pensados desde la prevención y mejora de las condiciones de vida y tienen un impacto directo en la atención domiciliaria. “Hace pocos días el CETIS (Comité de Expertos para la Transformación y la Innovación Social adscrito al departamento de Derechos Sociales e Inclusión) publicó el informe “Atención a la Dependencia en Cataluña: retos y propuestas” donde se hace evidente la necesidad de hacer crecer la atención de las personas en casa. Para ello se necesitan políticas valientes y definir una cartera de servicios en casa adaptada a la realidad actual y futura. De esta manera sería más fácil que los municipios pudieran financiarse y adquirir estos tipos de servicios”, recalca Peracaula. Cataluña sufre infrafinanciación en este ámbito, en parte porque la Ley de Autonomía Personal y Dependencia no nació acompañada de un presupuesto alineado con las necesidades reales de las personas.
Con otros proyectos incipientes como la implantación de la robótica en residencias, donde Suara apuesta por el modelo ACP (atención centrada en las personas) integrando la tecnología con resultados probados científicamente. En las residencias, apunta Laura Peracaula, “apostamos por este modelo y por avanzar en unidades de convivencia reducidas para que las personas puedan sentirse como en casa".
Por un trabajo digno
A pesar de ser uno de los pilares de nuestra sociedad, los cuidados y sus profesionales ocupan dentro de este sistema la zona baja en la escala laboral. Jornadas parciales involuntarias, salarios bajos y elevada rotación de personal son algunas de las características que definen los cuidados en Cataluña y en el resto del Estado. La falta de profesionales añade, además, un nuevo problema para su buen funcionamiento.
Suara cuenta con más de 1.800 socias y 5.500 profesionales. “Nuestras bases son muy potentes porque conectamos personas con profesionales comprometidas. Como cualquier cooperativa generamos puestos de trabajo de calidad y con esto es muy difícil competir”, subraya Peracaula. Queda, sin embargo, “mucho recorrido de mejora en el reconocimiento de las profesionales del sector, aunque este año entra en vigor un nuevo convenio que implicará incrementos progresivos por encima del 30% hasta 2030 en la atención domiciliaria”.
Durante siglos, los cuidados han quedado relegados al ámbito familiar y han sido asumidos únicamente por las mujeres sin ningún tipo de reconocimiento ni compensación. Ahora que se han empezado a profesionalizar, son también las mujeres las que ocupan estas vacantes, en la mayoría de los casos inmigrantes.
En 2050 se prevé que más de medio millón de personas en Cataluña requerirán atención en el hogar, el doble que en 2021, y para atenderlas habrá menos personas profesionales a raíz de la baja natalidad. El panorama es, como mínimo, preocupante. De ahí el posicionamiento de las cooperativas para encontrar soluciones y dignificar el trabajo.
Arraigado en el territorio
Garantizar un servicio estable, de calidad, arraigado al territorio y centrado en las necesidades de las personas es la respuesta que muchas cooperativas de cuidados y de dimensiones más pequeñas plantean también ante la precarización del sector. Desde una escala más local y con estructuras más reducidas, La SempreViva Cooperativa de Cures es un buen ejemplo: un modelo de proximidad que adapta sus servicios a las necesidades reales de la comunidad donde trabaja.
Nacida en el año 2022 en las comarcas de Lleida y ubicada en Bellpuig, esta joven cooperativa se ha especializado en la asistencia domiciliaria, la atención a las personas mayores, el apoyo a personas dependientes, las tareas del hogar, la atención a la infancia y las actividades formativas. Con una mirada comunitaria y de proximidad, su modelo busca dignificar tanto las condiciones laborales de las profesionales como la atención que reciben las personas usuarias, demostrando que es posible ofrecer cuidados con criterios de calidad, estabilidad y compromiso social.
“Nuestra tarea es transversal”, destaca la presidenta de la cooperativa, Lluïsa Puig. La SempreViva cuenta actualmente con 14 trabajadoras, cinco de las cuales son socias —con la voluntad de continuar ampliando la base social—, y atiende a cerca de 40 usuarios. En torno a sus necesidades ha construido un modelo flexible y de proximidad. “Nuestra estructura no es rígida porque nos adaptamos a cada persona. Ponemos en valor el trato humano, la proximidad y la capacidad de ofrecer respuestas personalizadas. Además, trabajamos en un entorno rural muy disperso, lo que complica la organización de los servicios. Posiblemente, con menos personas podríamos atender a los mismos usuarios, pero muchos servicios se superponen y esto hace que la coordinación sea más compleja”, explica.
La dificultad de los desplazamientos y las diferentes tareas (cambios de cama, recogidas en centros de día, acompañamiento a visitas médicas, guardias hospitalarias, etc.) complican la organización. “Es un tetris por su variabilidad. Además, siempre miramos que la profesional esté formada en la atención que deba realizar e, incluso, que haya compatibilidad de caracteres”.
De la mano del Ateneo cooperativo Ponent Coopera y del Ayuntamiento de Bellpuig, “en La SempreVivia tejemos redes por el derecho al cuidado”, recalca Lluïsa Puig. La atención sociosanitaria a personas mayores o dependientes, la atención psicológica a adultos y familias, limpieza del hogar, el cuidado del entorno, el canguraje y talleres de envejecimiento activo forman parte de los servicios que ofrece la cooperativa, con el objetivo de garantizar una atención de proximidad y dar respuesta a las necesidades de la comunidad.
El cooperativismo de los cuidados no solo propone otra manera de entender la atención a las personas, sino que también defiende unas condiciones laborales dignas como garantía de un mejor servicio, una fuerte vinculación con el territorio y una organización que prioriza a las personas por encima del beneficio económico. Esta es, precisamente, la razón de ser de la economía social y solidaria.