Economía

El granjero de Oklahoma que creó el gran monstruo comercial de EE.UU.

Sam Walton fundó la omnipresente cadena de supermercados Walmart, con unas ventas de 50.000 millones de dólares

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Que comer es una necesidad humana es evidente. Por lo tanto, siempre será necesario que haya gente que se dedique a proveer de alimentos a sus congéneres. La prueba de ello es que algunas cadenas de alimentación han hecho muy ricos a sus propietarios. El caso paradigmático en el estado español es el de Mercadona, que ha proyectado a Juan Roig Alfonso a lo alto de la lista de multimillonarios. En Catalunya, los dueños de Caprabo también se hicieron muy ricos, como Joan Font Fabregó, único accionista del grupo Bon Preu.

Este patrón de fortunas creadas en torno a la venta minorista, básicamente de alimentos, se puede encontrar en todo el continente europeo (Aldi, Lidl, Carrefour, etc.) y, por supuesto, en Estados Unidos, la meca del capitalismo y la economía de mercado. Allí nació Sam Walton, hijo de una familia de granjeros de Oklahoma. La explotación de los Walton no daba para mucho, pero con la llegada de la Gran Depresión el negocio mermó tanto que nuestro protagonista tuvo que hacer todo tipo de trabajos, un rasgo común en muchos emprendedores de su generación. En esta etapa tan dura descubrió que tenía un perfil comercial muy marcado, un aspecto que también es frecuente entre todos aquellos que levantaron imperios de la nada en épocas pretéritas.

El encadenamiento de trabajos le sirvió a Walton para financiar los estudios de Económicas en la Universidad de Missouri, un título que a su vez le permitió conseguir su primera experiencia laboral en la firma JC Penney, una etapa que duró un par de años porque en 1942 se alistó para combatir en la Segunda Guerra Mundial. Cabe decir que tanto en la universidad como en el ejército dejó un rastro muy palpable, porque en la Universidad de Missouri fue escogido por el alumnado para cargos de representación, además de conseguir entrar en una prestigiosa fraternidad de carácter secreto. En el ejército llegó al grado de capitán sirviendo al cuerpo de inteligencia. Una mochila de experiencias que no dudaría en utilizar a lo largo de su vida profesional.

Terminada la Segunda Guerra Mundial, invirtió sus ahorros en comprar una pequeña tienda generalista en Newport (Arkansas), donde, a base de dedicarle horas, descubrió los secretos para conseguir vender más barato que la competencia. Una revelación que sería la clave de su éxito más adelante. El pequeño comercio que había adquirido, una tienda de la cadena Butler Brothers, experimentó un fuerte crecimiento en los primeros años en manos de Walton, pero, desgraciadamente, el propietario del local decidió echarlo considerando que él y su hijo podrían continuar con la gestión de la franquicia. Nuestro protagonista tuvo que mudarse y volver a empezar de cero. Lo hizo en Bentonville, otra localidad del mismo estado de Arkansas, donde replicó punto por punto el modelo que le había funcionado tan bien en la primera tienda.

Como no podía ser de otra forma, volvió a conseguir facturaciones que crecían rápidamente gracias a su propósito de comprar grandes volúmenes, reducir márgenes y ofrecer precios más competitivos. A partir de ahí, su objetivo fue ampliar continuamente el número de tiendas, empujado por el fuerte crecimiento económico de la década de los 50. El nombre con el que bautizó el negocio inicialmente fue Walton's Five and Dime (cinco y diez céntimos). A principios de la siguiente década ya disponía de una quincena de tiendas, momento en el que dio un cambio a la marca que sería decisivo: en verano de 1962 abrió el primer Walmart, la enseña que lo haría multimillonario.

Negocio multimillonario

En los treinta años que van desde el establecimiento de la cadena hasta la muerte del emprendedor, el negocio creció hasta emplear a 400.000 trabajadores, tener 2.000 tiendas y conseguir unas ventas de 50.000 millones de dólares. Estas cifras proyectaron a Sam Walton a lo alto de la lista de millonarios de Estados Unidos, con una fortuna de 25.000 millones de dólares.

Los almacenes Walmart son ya parte de la cultura popular de los americanos, y la prueba de ello es la aparición en la serie de los Simpsons de un pequeño supermercado de conveniencia llamado Kwik-E-Mart, regentado por un ciudadano de origen indio de nombre Apu Nahasapeemapetilon. En la versión española de la serie, la tienda fue bautizada como badulaque (un término que está reconocido por la RAE, pero que no tiene ninguna definición relativa al comercio de víveres o similar).

No resulta extraño ver a la cadena Walmart ocupando espacio en los medios por causas relacionadas con el tratamiento que dispensa a sus trabajadores. De hecho, en el 2006, el fondo soberano de Noruega comunicó que excluía a la cadena de distribución de la familia Walton de sus inversiones por los “graves y sistemáticos abusos laborales”, una medida que mantuvo hasta el 2019.

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