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Misc 29/11/2022

Anna Castillo: "Es muy liberador no tener que ser siempre políticamente correcta"

Actriz

4 min
Anna Castillo durante la presentación de 'Fácil' al Festival de San Sebastián

BarcelonaAnna Castillo (Barcelona, 1993) no deja de encadenar proyectos. Este fin de semana llegaba a los cines la nueva película coral de Cesc Gay, Historias para no contar, en la que participa, y este jueves se estrena en Movistar+ Fácil, la serie de Anna R. Costa, cocreadora de Arde Madrid. La ficción, basada en la novela Lectura fácil de Cristina Morales, explica la historia de cuatro mujeres con diversidad funcional que comparten un piso tutelado en la Barceloneta y se sienten ahogadas por las normas sociales. Castillo, ganadora de un premio Goya y de un premio Gaudí, es Nati, la más combativa de las protagonistas.

Fácil se centra en cuatro mujeres con diversidad funcional. ¿Ha sido un proyecto emocionalmente muy intenso?

Sí y no. Ha sido muy intenso emocionalmente por el aprendizaje y la construcción del proyecto. Estuvimos un mes y medio ensayando y acercándonos a los personajes a través de visitas a pisos tutelados o, en mi caso, dando clases de danza integrada. Vimos documentales, hablamos con personas que trabajan como asistentes sociales en pisos tutelados. Fue mucha información y un proceso intenso y revelador, porque ha habido muchas cosas que han sido duras de entender y difíciles de digerir. Pero después, mágicamente, ha sido el rodaje más fácil y divertido que he hecho nunca. Se los decíamos a Anna Marchessi y a Coria Castillo, que era su primer rodaje, que esto no les volvería a pasar, que no era lo normal.

¿Tenías alguna relación con el mundo de la discapacidad antes de participar en la serie?

— Mi tía por parte de madre tiene una discapacidad intelectual severa y yo he convivido muchísimo con ella, desde que era pequeña. La discapacidad intelectual no era nada nuevo para mí, pero lo que sí que no conocía es cómo funciona el mundo de los pisos tutelados –porque mi tía siempre ha vivido con mi abuela–, de las instituciones que tratan a la gente con discapacidad, cómo funciona el hecho de que a las mujeres muchas veces no se les permite ser madres o la medicación que toman para no tener deseos sexuales.

Supongo que estas cosas fueron los elementos más reveladores cuando preparabas la serie.

— Lo que me sorprendió más haciendo la serie es que personas con discapacidad física o intelectual no tengan herramientas suficientes porque el sistema no les permite tenerlas y, aun así, se les obliga a adaptarse a un sistema en el que no encajan de ninguna forma, en lugar de que sea el sistema el que se adapte a ellas. Me pareció muy evidente y muy frustrante.

Tu personaje, Nati, es el más reivindicativo de todos y quien tiene menos filtros a la hora de dar su opinión. ¿Esta falta de filtros era liberadora?

— Absolutamente. El personaje de Nati tiene una discapacidad intelectual debido a un accidente, tiene una discapacidad sobrevenida. Ella guarda todo el discurso social y político de antes del accidente, pero con un bloqueo emocional y una falta de empatía a la hora de gestionar las emociones que no le permite expresarse. Para mí Nati está secuestrada dentro de su propio cuerpo y se mueve entre la rabia, la frustración y la agresividad. Suelta discursos muy potentes desde un lugar muy inexpresivo.

Ella dice lo que piensa, mientras que muchas personas a las que se etiqueta de normales no se atreven a expresarse como se expresa ella.

— Durante el rodaje había una parte de mí que hablaba un poco como Nati. Y es muy liberador no tener que ser siempre políticamente correcta. Al final, ¿qué es ser políticamente correcto? ¿Qué es ser normativo? Entiendo que el sincericidio también está mal, pero hay algo de Nati que también es muy valioso. Yo me dejé contagiar un poco por ella porque en el rodaje me lo podía permitir y era una gozada.

Cuando eres un personaje público o conocido no debe de ser tan fácil, decir siempre lo que piensas.

— Tengo la sensación de que siempre digo lo que pienso y de que no me corto nada, pero sí que tienes que encontrar la manera de ser amable, coherente y no herir sentimientos. Intento ser sincera y coherente con lo que pienso, porque si no, me encontraría fatal.

La serie ha sido criticada por Cristina Morales, la autora del libro en el que se basa, que asegura que no reconoce su novela en la ficción. ¿Os ha afectado?

— Creo que no nos ha afectado mucho. Las opiniones son completamente válidas. Pienso que Cristina Morales es una tía superválida, admiro mucho cómo escribe y su discurso. Es una antisistema y entiendo que no reconozca la novela en la serie, pero porque son códigos y medios totalmente diferentes. No tiene ningún tipo de sentido intentar que una ficción audiovisual se asemeje a una novela. Creo que Anna R. Costa dijo una cosa que tiene mucho sentido: tendría que intentar entender cómo es el proceso de escribir, dirigir y producir una serie audiovisual en una plataforma como es Movistar+.

Hace muchos años que vives en Madrid, pero tus últimos proyectos los has rodado principalmente en Barcelona.

— Los más recientes ya no, pero sí que es verdad que después del confinamiento rodé Mediterráneo, que se hizo en Grecia y en Barcelona; después Donde caben dos, Girasoles silvestres, la de Cesc Gay... todas en Barcelona. Para mí estuvo muy bien, a pesar de que pillé una Barcelona del covid que estaba un poco floja. Pero siempre me hace ilusión volver a casa.

¿Te entraban ganas de instalarte aquí un tiempo?

— A mí me encantaría, pero me fui tan pronto, con 19 años, que he creado muchos vínculos emocionales en Madrid. Quiero volver a Barcelona, creo que en otra etapa vital volveré.

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