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Generalitat de Catalunya

Cuando los pueblos desaparecían "por un castigo de Dios"

Descubrimos los aspectos científicos del Museo de la Nieve, en Unha (Valle de Arán)

El año 1600 buena parte del pueblo de Unha quedó devastado por una avalancha.
27/08/2026 - 00:00 h.
4 min

La nieve es un buen aislante térmico y sonoro gracias al aire que contiene, por eso los iglús son un buen invento para pasar noches frías. En la nieve fresca, la proporción de aire llega al 90%. El Museo de la Nieve (Musèu dera Nhèu) dedica un buen espacio a los aspectos de carácter científico de la nieve, cuyo germen es curiosamente hexagonal. Este centro está situado en el pequeño municipio de Unha, cerca de Baqueira, la patria del esquí de pista del Valle de Arán. De Unha es precisamente la responsable del museo, Montse Ademà, que me guía por este espacio que tiene a cuatro pasos de casa.

El museo nos habla de las avalanchas, un aspecto no menor en este precioso valle por partida doble –sí, aran significa valle– que mira hacia Francia. "El Arán es un territorio de alta montaña donde el 51% de la superficie está potencialmente afectada por avalanchas". Es un dato que me proporciona Jordi Gavaldà, del Centre Lauegi d’Aran, que se dedica a la predicción de avalanchas y a la seguridad en la montaña cuando hay nieve. Me sorprende –positivamente– esta precisión, que certifica que lo tienen muy bien estudiado. No es la mitad, sino algo más de la mitad. Si un socio de una empresa con el 51% de las acciones tiene el control absoluto, pues la nieve tiene el control absoluto del Valle de Arán. "Las avalanchas han afectado durante siglos pueblos, bosques y vías de comunicación, y desde hace unos cuantos años se han añadido los practicantes de deportes de montaña y de fuera de pista", me dice. "¿El fuera de pista está permitido?", le pregunto. "Sí, pero hay que tener una buena preparación, formación en nieve y avalanchas, llevar el material básico de seguridad en terreno de avalanchas –y estar entrenado en su uso– y estar bien informado de las condiciones meteorológicas y de la nieve que se pisará", me comenta Jordi. "¿Y cuál es el material básico de seguridad?", le pido. "Consta del detector de víctimas de avalanchas (DVA) –aparato electrónico que permite localizar a una persona enterrada bajo la nieve–, una sonda y una pala", detalla Jordi, que esquía como quien camina, con una facilidad extraordinaria. Los esquís han ido incorporando elementos que los hacen más efectivos y seguros. El museo permite hacerse una idea de cómo ha ido evolucionando el equipo del esquiador. Al principio, todo era de lo más rudimentario: el material principal era la madera y las medidas de seguridad, inexistentes.

Después de una gran avalancha en Artiga de Lin en el año 1960.

Jordi sabe muy bien cómo se desencadenan las avalanchas. "Teniendo en cuenta la cohesión de la nieve, las avalanchas se clasifican en dos tipos: de placa y de salida puntual. Las avalanchas de placa se producen cuando una capa de nieve cohesionada que descansa sobre una capa de nieve débil tiene una sobrecarga súbita, como el peso de una persona, se rompe y se desplaza hacia abajo. Son las más peligrosas para los practicantes de actividades de montaña", precisa Jordi. "En cuanto a las avalanchas de salida puntual, la rotura se inicia en un único punto cerca de la superficie de la nieve, y la avalancha va incorporando nieve durante el descenso –explica–. No suelen tener tamaños tan grandes, pero también pueden provocar accidentes".

La primera referencia escrita de afectación de avalanchas en nuestro país la encontramos recogida en el libro de 1925 Memòries de Casa Lobato. Tuvo lugar en 1444 en el pequeño núcleo aragonés de Gessa. Desapareció "todo el pueblo por un castigo de Dios, por la nieve que bajó del monte y se cambió el río de sitio".En el año 1600 buena parte del pueblo de Unha quedó devastado por una avalancha. Murieron quince personas, que habían ido a otra casa para estar más seguras. Y el pueblo lo hicieron renacer un poco más arriba. Aprovecharon el monasterio del siglo XII para hacer allí la nueva iglesia. El caserón donde se encuentra el Museo de la Nieve, Çò des de Baile, del siglo XVIII, que conserva la fachada renacentista, fue construido después de aquella tragedia.En el año 1758 un poví (una avalancha de nieve polvo) afectó gravemente al pueblo de Garós y destruyó el campanario de la iglesia, que fue reconstruido con donaciones de los feligreses. Y en 1855 –¡en abril, ya pasado el invierno!– una avalancha en el pueblo de Era Cassenhau, en el valle de Toran –uno de los lugares más desconocidos y mejor conservados del Valle de Arán– provocó sesenta víctimas mortales. Esta ha sido la avalancha más mortífera de Cataluña y de la península Ibérica.

Si vais al Valle de Arán no paséis de largo del Museo de la Nieve, que transporta a la extrema dureza de los inviernos en este territorio montañoso, en el que la nieve suponía un reto para la supervivencia. En varias ocasiones, los araneses tenían que salir de casa por la ventana del primer piso porque la puerta de entrada había quedado bloqueada por una intensa nevada. O ponían el porrón cerca del fuego porque si no el vino se congelaba. Cuando todavía no existía el puerto de la Bonaigua –abierto en 1923– ni el túnel de Viella –abierto en 1948–, el valle quedaba a menudo completamente aislado por grandes nevadas. Incluso era difícil circular por el interior. Una de las piezas más antiguas del museo es un precioso trineo de dimensiones bastante grandes que transportaba pan por el Valle de Arán, tirado por caballos.

Doce personas han perdido la vida por avalanchas en los Pirineos el invierno 2025-26 El 31 de enero de 2003, después de fuertes nevadas, hubo un episodio de gran actividad de aludes. Uno de ellos cayó sobre la pleta de Baqueira y afectó a un importante número de casas. Fue la chispa de la creación del Centre de Lauegi d’Aran, que, desde las primeras nevadas de otoño hasta bien entrada la primavera, estudia diariamente el estado del manto nival y publica boletines de peligro de aludes, siguiendo las directrices de la EAWS (European Avalanche Warning Services), del cual es miembro.

Los accidentes por aludes tienen lugar sobre todo durante la práctica de deportes de montaña invernal (esquí de montaña, raquetas...) o de actividad alrededor de las estaciones de esquí, como el freeride, el esquí y snowboard fuera pista. Especialmente preocupantes han sido los datos de accidentalidad del invierno 2025-26: al conjunto de los Pirineos han perdido la vida doce personas por aludes en nueve accidentes.

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