Castillos

Cuando los sueños dejan de ser promesas: el Serrallo toca el cielo con los dos básicos de ocho

Por la fiesta de la Virgen del Carmen los del barrio marinero completaron la mejor actuación de su historia

El 4 de 8 de los Xiquets del Serrallo
Júlia Camprubí Díez
20/07/2026
9 min

Hay momentos que una colla espera durante años. Y hay quien espera durante generaciones. Los Xiquets del Serrallo han tenido que esperar 38 años para poder escribir esta página. Treinta y ocho años de camino, de ensayos, de caídas, de volverse a levantar y de perseguir una meta que durante mucho tiempo parecía siempre un poco más lejos. Pero un día llega. Y cuando llega, todo cobra sentido.

La Diada de la Mare de Déu del Carme del 2026 quedará grabada para siempre en la memoria de los Xiquets del Serrallo. Los del barrio marinero completaron la mejor actuación de su historia tras descargar el 3d8, el 4d8 y el 5d7. Una diada que confirmó aquello que durante décadas había sido un sueño: el Serrallo ya es una colla de ocho. Con todas las letras.

El 3 de 8 de los Xiquets del Serrallo en casa

Para entender la dimensión de lo que pasó aquel día hay que mirar atrás. Muy atrás. Concretamente, el año 1996. Aquel Sant Magí, los Xiquets del Serrallo consiguieron cargar por primera vez un 4d8. Era un hito mayúsculo para una colla que empezaba a mirar de tú a tú las grandes estructuras, pero aquel castillo dejó una herida abierta. Durante tres décadas, aquel carro grande fue una espina clavada. Una asignatura pendiente. Ahora, sin embargo, ya está resuelta. Y por partida triple, ya que semanas antes lo descargaron por Sant Pere, también en casa, y este sábado lo han vuelto a hacer en la Riera de Gaià.

El último 4d8 descargado de los Xiquets del Serrallo este fin de semana en la Riera de Gaià

«Cuando lo descargamos por Sant Pere no me lo creía. Fue una sensación espectacular y me transportó a 1996», recuerda Christian Borràs, uno de los segundos de aquel primer 4d8 cargado hace ahora treinta años. Esta vez, sin embargo, la historia tenía un final diferente. Y también tenía una nueva generación preparada para continuarla. Sus hijos, Arnau y Roger, estaban en el piso de terços. Su sobrino Aleix Gaya también formaba parte del tronco y su sobrina Marina subía a quintos. «Fue brutal. Me emocionó mucho verlos allí. Cuando acabaron las gralles, me abracé con el Gaya», explica Borràs.

Aquella abrazada era la de una generación que había esperado muchos años para ver aquel momento. «Nos abrazamos todos los antiguos. Estábamos liberados», asegura. Para Borràs, aquel día significaba cerrar un círculo.

Este, sin embargo, no solo lo cerraron los que aquel día estaban en la plaza. También lo pudieron ver cumplido aquellos que, treinta años antes, habían abierto el camino.

Jordi Mallol, uno de los bajos del primer 4d8 cargado de la historia de los Xiquets del Serrallo en el año 1996, vivió aquella descarga como una especie de reparación del tiempo. Aquel castillo que durante décadas había sido una meta pendiente dejaba de ser una espina y se convertía, ahora sí, en un legado. Él todavía recuerda perfectamente aquel primer intento que llegó a la aleta hace ahora tres décadas. «De aquellos días recuerdo que el jefe de collà nos convocó en su casa al tronco y la técnica y allí decidimos que por Sant Magí haríamos el 4d8», explica. Aquella jornada, el silencio de la plaza antes de la aleta y la explosión posterior cuando el castillo quedó cargado aún forman parte de su memoria. «Una vez cargado vino una onda expansiva desde las escaleras hacia nosotros. Fue brutal.»

Treinta años después, sin embargo, la historia tenía un final que aquella generación había soñado muchas veces.«¡Por fin lo hemos descargado, ya era hora!» Pero más allá del castillo, lo que más le emocionó fue ver que aquel sueño había pasado a las manos de una nueva generación. «Ver a los jóvenes haciéndolo, ver que la collà continúa viva y que todo aquel esfuerzo ha tenido continuidad es una satisfacción enorme.»

Una meta construida a base de constancia

El camino hasta aquí no ha sido nada fácil. Detrás de los castillos de ocho ha habido muchas horas de ensayo, muchas decisiones, dudas y momentos en que parecía que el paso definitivo aún quedaba lejos. «Cuando llevas tantos años picando piedra y buscando alcanzar lo que hemos conseguido este año... las palabras no son suficientes», explica el jefe de grupo de los Xiquets del Serrallo, Josep Maria Gaya.

«Ha habido momentos de pensar que quizás no saldría, que era muy complicado subir un piso más. Pero después de tanto trabajo detrás, al final ha acabado saliendo». La clave ha sido una transformación profunda del grupo: más gente, más confianza y una nueva manera de entender los ensayos. «Somos más de 100 personas en los ensayos y eso se nota. Ser un grupo de barrio y arrastrar tanta gente es complicado, pero nosotros lo estamos consiguiendo», asegura Gaya. Por su parte, la presidenta de los Xiquets del Serrallo, Núri Bordas, asegura que «la incorporación de gente joven, especialmente procedente de grupos universitarios como los Pataquers de la URV ha sido imprescindible porque han aportado mucha ambición». Está convencida de que «haber roto este techo da confianza, refuerza el proyecto y cambia la manera como nos vemos a nosotros mismos».

Pero en momentos como este es imposible no mirar atrás y recordar a quienes formaron parte del camino. «Recuerdas a toda la gente que lo ha intentado y que hoy ya no está entre nosotros. Habría sido bonito que lo hubieran podido ver». Por eso, cuando hablan de dedicatorias, la respuesta es clara: estos castillos también son suyos.

Relevo generacional sin perder la esencia

Aquellos que ya no están conviven, de alguna manera, con quienes hoy visten la camisa azul marino. Porque los castells también son eso: una historia que se transmite de generación en generación. Los veteranos dejan la experiencia y la perseverancia. Los más jóvenes recogen este legado y lo empujan un poco más allá. En el Serrallo, este relevo no solo se explica. Se ve. Porque, aunque los veteranos siguen estando, ahora son los más jóvenes quienes ocupan muchas de las posiciones decisivas. Y no es una sustitución. Es un relevo. Uno de aquellos que solo es posible cuando una generación ha sido capaz de preparar la siguiente. Y en el Serrallo, esto se ha hecho.

Además, en este pequeño barrio de Tarragona, muchas historias pasan de padres a hijos. Las tardes de ensayo, las fiestas mayores y los castells forman parte de la vida familiar de muchas casas. Y por Sant Pere y la Mare de Déu del Carme, cuando la 'colla' tocó el cielo, muchas de estas familias vieron recompensados años, e incluso décadas, de dedicación.

Una de las imágenes más emocionantes de la jornada de Sant Pere la protagonizaron Josep Maria Gaya y su hijo Aleix. El primero vivía el 'castell' desde tierra, cantándolo como 'cap de colla'. El segundo estaba en el piso de 'terços' del primer 4d8 descargado de la historia de los Xiquets del Serrallo. En medio del 'castell', Aleix bajó la cabeza solo un instante. «Vi a mi padre cantando el 'castell' con los ojos llorosos. Fue increíble». Para él, aquel momento iba mucho más allá de culminar una construcción de ocho pisos. «Te vienen muchas cosas a la cabeza. Sobre todo recuerdas a toda la gente que ha sudado la camisa y que, por desgracia, no lo ha podido disfrutar porque ya no está».

Desde 'terços' sabía que la responsabilidad era enorme. «Eres la validación final», explica. «Tienes que intentar que todo esté bien de medidas y transmitir confianza a los compañeros». Pero también era consciente de que su papel simbolizaba algo más: una nueva generación que ya sostiene los 'castells' más importantes de la historia de la 'colla'.«Los últimos tres años ha cambiado la 'colla'. No tanto a nivel técnico, sino en las maneras de hacer. Ha habido un cambio de chip». Una nueva manera de entender el proyecto que, asegura, ha llegado para quedarse.

Pau Mallol es otro de los rostros de este relevo. Entró en los Xiquets del Serrallo en 2018 y, en pocos años, ha pasado de ver el 'castell' de ocho como un objetivo lejano a formar parte de los primeros descargados de la historia de la 'colla'. La confianza, recuerda, llegó antes de la festividad de Sant Pere. «El viernes, en el ensayo, miraba las caras de la gente, el convencimiento del tronco y de la 'pinya'. Noté que el sábado era el día».

Cuando el 'castell' empezó a subir, los nervios dejaron paso a la serenidad. «Al principio había incertidumbre, pero veías que no pasaba nada que no hubiera pasado en el ensayo. Lo viví con tranquilidad, transmitiendo confianza». Cuando todo terminó, tampoco él buscó protagonismo. Buscó a la familia. «Fui a abrazar primero a mi madre, luego a mi hermana gemela, a la hermana mayor y finalmente a mi padre. Fue un momento mágico».

Es consciente de que su generación ha tenido el privilegio de culminar un sueño perseguido durante décadas. Por eso, cuando le preguntan qué ha hecho posible llegar hasta aquí, tampoco habla solo de quienes hoy visten la camisa azul marino. «Ha sido posible gracias a toda la gente que siempre ha creído en ello, a los que ya no están, a los que venían, a los que venimos y a los que vendrán».

Quizás es esta la gran fuerza de los Xiquets del Serrallo: que los 'castells' pasan de padres a hijos. Y cada generación añade una piedra más hasta que, un día, aquello que parecía imposible acaba convirtiéndose en realidad.

Abrir camino

Este relevo generacional no solo se explica por los apellidos que han pasado de una generación a otra. También se explica por una nueva manera de entender la colla. Una mirada más abierta que ha ido rompiendo barreras y demostrando que, en los castells, el lugar no lo ocupa quien ha estado siempre, sino quien está preparado para asumirlo. En medio de la gesta de los castells de ocho hay también una imagen que simboliza este cambio. La France ocupa una de las posiciones más exigentes del castell: hace de baja, un lugar que históricamente ha estado reservado casi siempre a los hombres. Para ella, aquel momento no era solo una gesta personal. Era la culminación de un camino y la confirmación de que la confianza depositada por la técnica había valido la pena.

Cuando el 4d8 de Sant Pere bajó, sin embargo, no recuerda exactamente qué pensó. Solo recuerda las lágrimas.«Lloré de felicidad.»

Entre todas las felicitaciones hubo una que todavía hoy la emociona especialmente. Jordi Mallol, uno de los protagonistas de aquel primer 4d8 cargado de 1996, se acercó para decirle una frase que difícilmente olvidará: «Me alegro de que la hayas hecho tú». Por eso espera que su imagen también sirva para abrir camino.«Es un orgullo y un honor. Espero que sirva de referente.» Y ya imagina un futuro diferente.«Mi sueño sería ver un castell donde todas las bajas fueran mujeres. No es ninguna locura.»

Quizás este es uno de los grandes cambios que ha vivido el Serrallo estos últimos años: una colla que ha crecido sin olvidar de dónde venía, pero que también ha sabido cuestionar algunas inercias y confiar en una nueva generación de castelleres y castellers dispuesta a demostrar que los límites, a menudo, solo existen hasta que alguien los rompe.

En su casa, la France conserva un libro de los Xiquets del Serrallo con una frase que siempre la ha acompañado: «Hay que conocer las cosas antes de empezar a amarlas.» Ella, sin embargo, sonríe cuando la recuerda.«Yo empecé a amar la colla antes de conocerla.»

Un castell de todos

Cuando se habla de un castillo, casi siempre se mira hacia el tronco, la piña o la enxaneta. Pero hay otra pieza imprescindible que a menudo pasa desapercibida: las gralles. Son la banda sonora de los castillos, las que marcan el ritmo, anuncian cada paso y hacen vibrar toda la plaza. Sin ellas, la emoción no sería la misma.

En una jornada histórica como la que vivió el Serrallo, los gralleros también vivieron el hito con una mezcla de concentración y emoción. El Gio explica que, mientras sonaba, aún no era consciente de la magnitud de lo que estaban consiguiendo: «Mientras hacíamos el castillo estaba tan concentrado que no era consciente del momento». Solo cuando acabaron de tocar pudo asimilar lo que acababan de hacer. «Fue entonces cuando fui consciente de lo que había pasado y fue muy emocionante. Todavía me dura la resaca», recuerda.

Para él, sin embargo, el valor de la jornada iba mucho más allá. «Es impresionante por los castillos, por lo que significa, por haberlo hecho en casa, por haberlo hecho tan pronto y por la manera como lo hemos hecho». Por eso, tiene claro a quién dedicaría aquellos toques de gralla: «Estos toques los dedicaría a la colla. Treinta años después del primer 4d8 cargado se ha hecho justicia. Nos hemos liberado. Podemos decir que somos colla de ocho con todas las letras.»

Sea como sea, el Serrallo ya sabe qué gusto tiene la gloria. Ahora toca continuar creciendo y escribiendo las próximas páginas de una historia que acaba de abrir uno de sus capítulos más brillantes.

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