Casos de éxito

Cuando los trabajadores salvan la empresa

El relevo cooperativo mantiene, por definición, los puestos de trabajo y preserva la actividad económica de una empresa ante el peligro de desaparición por jubilación de la antigua propiedad, cierre, problemas financieros o la voluntad de adoptar una gestión más colectiva. En Cataluña hay casos de éxito donde los trabajadores no solo han conseguido salvar la empresa, sino también consolidarla.

Mercè Bayén
02/07/2026
4 min

Durante los años ochenta, el relevo cooperativo fue moneda corriente para salvar empresas en momentos de crisis. La apuesta, a menudo arriesgada, favoreció la continuación del tejido económico. No todas sobrevivieron, claro, pero la lucha obrera movilizó a las plantillas para convertirse en cooperativas, salvar el trabajo y cambiar las reglas de la economía.

Una de las grandes supervivientes de aquella etapa que todavía hoy continúa en activo es la cooperativa Mol-Matric, fundada en 1982. Especializada en el diseño y la fabricación de matrices, desarrolla su actividad principalmente para los sectores de la automoción, el ferrocarril y otras industrias de alto valor tecnológico.

"Mol-Matric es sinónimo de superación, humildad, profesionalidad y cooperación –empresarial y social–", se puede leer en su web. "En definitiva, una apuesta de éxito para todos los integrantes de este gran proyecto: trabajadores, clientes y colaboradores." Más de cuatro décadas después de su constitución, la cooperativa se ha consolidado como uno de los ejemplos más sólidos de relevo cooperativo y de continuidad empresarial en Cataluña.

Historias de éxito

Cabe recordar que la mayoría de empresas recuperadas por sus trabajadores durante aquellos años no se constituyeron inicialmente como cooperativas, sino como sociedades laborales, una fórmula que exigía que los trabajadores controlaran al menos el 51% del capital social. La razón era eminentemente práctica: en caso de cierre de la empresa, esta figura permitía mantener el derecho a percibir la prestación por desempleo.

El camino hacia la consolidación del cooperativismo de trabajo no fue sencillo. Un punto de inflexión llegó en 1985, cuando los socios de las cooperativas obtuvieron el derecho a capitalizar la prestación por desempleo, una reivindicación largamente esperada. Este reconocimiento llegaba dos años después de la aprobación de la primera Ley catalana de cooperativas de la etapa democrática y de la constitución de la Federació de Cooperatives de Treball de Catalunya (FCTC), una entidad que desde entonces ha sido clave en la representación, la articulación y la defensa del cooperativismo de trabajo.

Mucho ha llovido desde entonces. Hoy, Cataluña cuenta con más de 3.500 cooperativas de trabajo, que representan el 74% del conjunto del cooperativismo catalán y tienen presencia en prácticamente todos los sectores de la actividad económica. Algunas continúan la huella abierta por experiencias pioneras como Mol-Matric. Es el caso de Mec 2010 y Viserveis Coop, dos ejemplos de relevo cooperativo que han consolidado su actividad con una fuerte implantación en el tejido industrial.

Un asesor, un taller y un juez

Mec 2010, en Sabadell, era un taller metalúrgico que iba a cerrar y para evitarlo, sus trabajadores se constituyeron en cooperativa. Con 17 años de trayectoria, la empresa la forman ahora 14 trabajadores, especializados en ingeniería mecánica y mecanizado de metales. Son los herederos de los antiguos Talleres Socar.

“La idea nos la dio el administrador concursal. Le dijimos que nos planteábamos poder comprar la empresa y nos habló de establecernos en cooperativa. El juez nos lo adjudicó y compramos la maquinaria”, explica Jordi Álvarez, jefe de taller y societario.

El camino hasta llegar aquí no ha sido fácil. “Fue una labor complicada, pero hemos aprendido mucho y lo hemos conseguido a base de muchas horas de trabajo. Los números cantan y tenemos la suerte de que contamos con buenos clientes”. Después de todo, la fórmula del relevo cooperativo hizo que “mantuvimos los puestos de trabajo”, remarca Álvarez.

El tiempo dio la razón al asesor ocasional de las horas y el tiempo dirá ahora también si la empresa puede seguir teniendo recorrido. “A cualquiera que se encuentre en la misma situación en la que nos encontramos nosotros le recomendaría seguir el mismo camino porque todavía estamos aquí. Ahora bien, a mí también me gustaría jubilarme y que la empresa siga funcionando. La falta de profesionales y de una generación preparada –ahora todo el mundo quiere ser youtuber– pone en peligro la continuidad”, alerta. 

Cuatro despedidos y un proyecto común

El modelo por el cual, precisamente, apuesta Viserveis vela por este relevo generacional con acuerdos con diferentes escuelas de formación profesional, favoreciendo la inserción laboral de los jóvenes y promoviendo un entorno de trabajo colaborativo e intergeneracional. Actualmente, la cooperativa la forman 8 socios y cinco vienen de la FP. Estefania Gutiérrez, responsable de comunicación, es una de ellas y aunque no proviene de la formación profesional, se incorporó a Viserveis después de hacer las prácticas allí y hoy forma parte del proyecto como socia.

Viserveis se fundó en 2013 y está vinculada a la movilidad industrial y al mantenimiento de vehículos industriales sostenibles (autobuses híbridos, eléctricos, de gas natural o hidrógeno). Aunque no responde al modelo clásico de relevo cooperativo, comparte el mismo espíritu. La cooperativa nació cuando cuatro trabajadores despedidos decidieron capitalizar la prestación de desempleo e impulsar un nuevo proyecto empresarial en el mismo sector donde habían desarrollado su trayectoria profesional.

Mònica Gutiérrez, Antonio Agüera y dos compañeros más fundaron la empresa. Trece años después Viserveis es una cooperativa en constante crecimiento, emplea a 73 personas y en 2025 facturó 7,7 millones. TMB, Sagalés, Moventia, Solaris, Avanza o FGC son algunos de sus clientes.

“La Mónica llegó de Colombia con 17 años y empezó haciendo prácticas en la antigua empresa. Cuando esta cerró y la plantilla fue despedida, se sumó al proyecto cooperativo junto con Antonio, que siempre ha sido su mentor”, explica Estefania Gutiérrez. Desde entonces, la cooperativa ha continuado creciendo, fiel a los valores que impulsaron su creación. “A finales del año pasado inauguramos nueva sede en el consorcio de la Zona Franca donde contamos con 10.000 metros cuadrados y tenemos uno de los talleres más innovadores en nuestro país”, señala Gutiérrez.

El caso de éxito es, pues, también un caso de superación y resiliencia. Las historias de Viserveis y de Mec 2010 demuestran que el relevo cooperativo va mucho más allá de salvar una empresa: es una herramienta para que las personas recuperen el control de su futuro, transformen una crisis en una oportunidad y construyan proyectos empresariales sólidos, capaces de crecer y perdurar sin perder su esencia.

En Cataluña existe todo un ecosistema para facilitar estas transformaciones que van desde la Red de Ateneos Cooperativos de Cataluña –un servicio de referencia creado en 2016– al apoyo institucional y el asesoramiento legal y económico. El cooperativismo no solo crea puestos de trabajo, sino que a veces también los salva.

La empresa que no se salvó, pero la marca sí

Inoxcrom, la histórica empresa catalana de bolígrafos y estilográficas, representa un caso paradójico en el relevo cooperativo. Inoxcrom nació en Barcelona en los años cincuenta y llegó a ser una de las principales marcas europeas. Exportaba a decenas de países y era uno de los grandes nombres de la industria manufacturera catalana. A principios de los 2000 figuraba entre las marcas destacadas del sector a escala internacional hasta la muerte de su fundador.A partir de aquí, la compañía entró en quiebra tras cambios en la propiedad (dos en solo dos meses) y cientos de trabajadores perdieron el empleo. La mala gestión llevó a la ruina una marca que sus antiguos trabajadores quisieron rescatar formándose en cooperativa. Tras conseguir que uno de los antiguos propietarios les cediera la marca, la historia no tuvo un final feliz porque en el litigio el juez concedió la unidad productiva a un inversor externo.A pesar de perder la maquinaria y buena parte de los activos, los extrabajadores no abandonaron. Relanzaron la marca, diseñaron nuevas colecciones y reconstruyeron la cartera comercial prácticamente desde cero. Además, aplicaron los principios de la intercooperación trabajando con otras cooperativas catalanas para tareas como el embalaje de los productos.Después de todo, la cooperativa consiguió que un nombre histórico de la industria catalana no desapareciera del todo.

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