El comediante y periodista norteamericano Bill Maher consiguió llevar a su programa al vicepresidente de los Estados Unidos, J.D. Vance. Digo que lo consiguió llevar porque Maher dirige y presenta un show donde Donald Trump empezó siendo la risa calabaza y ahora es la personificación de la mayor catástrofe nacional y ya no hace gracia, solo miedo. Así las cosas, ¿qué le pidió Maher a Vance? Solo una cosa. Juego limpio el día que lleguen las elecciones: “Con Trump, para ustedes solo habrá dos resultados posibles: o ganamos nosotros o ellos hicieron trampa. Esta mierda se tiene que acabar. Y esto lo tendrá que hacer usted o Marco [Rubio; uno de los dos sucederá a Trump en la candidatura]. ¿Me puede decir que usted lo hará, que llevará todo el país al terreno común, al menos en esto, y que reconocerá la victoria del otro si pierde?”
¿Qué manera más triste de celebrar los 250 años de la independencia, el próximo sábado? Los americanos preguntando a un político aquello que no habían tenido que preguntar nunca, porque habría parecido inconcebible: si pierde, ¿admitirá la derrota?
Es un tipo de deterioro de la vida pública que ya no tiene marcha atrás. Y en España ya empieza a ser esta la pregunta que se acabará teniendo que hacer, si oímos los argumentos de la impotencia política que han puesto en marcha el PP y su muleta de Vox sobre la limpieza del censo electoral. Y no pinta nada bien: Vance huyó de estudio y se enfrascó en la historia de las tecnológicas que ayudaron a los demócratas y perjudicaron a los republicanos. Una cosa es hacerse el valiente y dejar que te entreviste el adversario y la otra es olvidar que Trump estaba viendo el programa. Y Trump no admite nunca la derrota. Esta es la lección que más rápidamente han aprendido sus imitadores europeos.