La alerta por viento que la Generalitat envió a los móviles la tarde del miércoles fue acertada, porque, a la vista de los heridos y los destrozos causados por el viento, seguro que la suspensión de clases y la recomendación del teletrabajo evitaron más desgracias. La imagen del techo derrumbado sobre un aula de música donde no había ningún niño hace estremecer.
Desde las Terres de l'Ebre y desde Lleida, acostumbrados a las ventoleras, se ha criticado que no se seleccionara con mayor precisión las comarcas que debían recibir una alerta como la de ayer. Sin embargo, teniendo en cuenta la cantidad de desplazamientos diarios desde todo el país hacia la densa área metropolitana de Barcelona, era prudente que todo el mundo estuviera avisado de lo que podría ocurrir.
La creciente fiabilidad de las previsiones meteorológicas facilita el acierto en la toma de decisiones preventivas. Pero el factor que libera políticamente a los gobiernos a la hora de restringir la vida normal es la irresponsabilidad del gobierno de Mazón durante la dana del 2024. Aquel día criminal, mitad por incomparecencia del presidente, mitad por escrúpulos ideológicos supuestamente liberales, la alerta se acabó enviando cuando la mayoría de víctimas. Ningún gobierno quiere encontrarse.
Las alertas en el móvil transportan, también, el mensaje implícito de un país cuya administración funciona y está alerta cuando se acercan horas de peligro, pero no pueden sustituir nuestra responsabilidad individual. No podemos delegar la autoprotección al haber recibido o no haber recibido un aviso por móvil. Por cierto, en algunos estados de Estados Unidos los días de clase que se pierden a causa del mal tiempo se recuperan a final de curso.