Opinión 12/10/2021

El análisis de Antoni Bassas: '12 de octubre, y «no pido perdón»'

"Nunca fue la nuestra lengua de imposición, sino de encuentro; a nadie se le obligó nunca a hablar en castellano: fueron los pueblos más diversos los que lo hicieron suyo por voluntad libérrima"

4 min

Hoy es 12 de octubre, fiesta nacional de España, en recordatorio del Descubrimiento de América. El 12 de octubre de 1492 empezó la construcción de un imperio gigantesco que duró 400 años, hasta que España perdió la última colonia, la isla de Cuba, en 1898. En términos históricos, un imperio como el castellano (“A Castilla y a León nuevo mundo dió Colón”) en América y una obra colonizadora como aquella merecen los honores de una fiesta nacional. No creo que ningún país del mundo renunciara al legado de una conquista que ha dejado vínculos de lengua y de cultura en tantos miles de kilómetros cuadrados y en tantos millones de personas.

Pero una cosa es no renunciar a lo mejor de tu historia y celebrarlo y otra no reconocer, de acuerdo con las corrientes contemporáneas, que toda conquista arrasa las culturas preexistentes para imponer una. Que no hay conquista sin crueldad. A América, Castilla llevó la lengua y la religión a degüello. Reconocerlo e, incluso, pedir perdón son prácticas habituales. 

Pero la cultura política española, es decir, castellana, no está por el perdón. Al contrario. Ya lo vimos hace veinte años, en 2001, cuando el entonces rey Juan Carlos afirmó, mientras entregaba el premio Cervantes a Paco Umbral, que "nunca fue la nuestra lengua de imposición, sino de encuentro; a nadie se le obligó nunca a hablar en castellano: fueron los pueblos más diversos los que lo hicieron suyo por voluntad libérrima".

Exacto, el hecho que en América Latina se hable en castellano porque los indígenas iban a clase con parejas lingüísticas de conquistadores. 

Ahora bien, en toda América hay conciencia de la tragedia del pasado. Sin ir más lejos, el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, se convirtió anteayer en el primer presidente americano que, además de celebrar el Columbus Day (una fiesta italoamericana, porque Colón era genovés), ha celebrado, también, el Día de los Pueblos Indígenas y, en concreto, este año, ha dicho que había que recordar “la dolorosa historia de injusticias y atrocidades que muchos exploradores europeos infligieron a las naciones tribales y las comunidades indígenas”. 

Hace pocos días, con motivo de los 200 años de la independencia de México, el papa Francisco mandó una carta de felicitación a los obispos mexicanos en la que habló de “un proceso de purificación de la memoria, es decir, reconocer los errores cometidos en el pasado, que han sido muy dolorosos". "Tanto mis antecesores como yo mismo hemos pedido perdón por todas las acciones u omisiones que no contribuyeron a la evangelización", decía.

De la parte española no oirán nada parecido. Recuerden cómo se dirigió Aznar al presidente de México hace poco: “200 aniversario de la independencia de México. ¡Enhorabuena! Y ahora me dice usted que España tiene que pedir perdón, ¿pero usted cómo se llama? Dígame su nombre, por favor. Andrés Manuel López Obrador. Es decir, Andrés por parte de los aztecas; Manuel por parte de los mayas; López por los incas, y Obrador que es de Santander”.

O lo que dijo el director de la Oficina del Español en la Comunidad de Madrid, Toni Cantó: "Yo no creo que seamos colonizadores, ni conquistadores, ni nada parecido. Creo que España cuando llegó a aquel continente lo liberó. Porque, si no, los pocos españoles que fueron capaces de liberar aquel continente debían ser Superman. Yo creo que España liberó".

O en qué términos habló Josep Borrell sobre los indios norteamericanos: "¿Por qué Estados Unidos tiene más nivel de integración política? Primero, por que todos tienen el mismo idioma, y segundo, tienen muy poca historia detrás. Nacieron de la independencia prácticamente sin historia. Lo único que habían hecho era matar a cuatro indios".

Hay un orgullo muy propio de la cultura política española, sobre todo de los herederos del fascismo y la derecha ganadora de la Guerra Civil, de nunca pedir perdón por nada. Porque pedir perdón te hace débil. Porque hay algo que se llama derecho de conquista, porque quien gana tiene la razón histórica, porque quien pierde es un desgraciado. No haber perdido. “Cuatro indios”. Porque todo por la patria, y todo quiere decir todo. Esto es Vox y esto fue el 1 de Octubre.

No es extraño que cuando escribió una letra para el himno español, que ya saben que no la tiene, la cantante Marta Sánchez escribiera: “Rojo, amarillo, colores que brillan en mí corazón, y no pido perdón”. 

Cada identidad administra su orgullo nacional como es. Nosotros cantamos “que tiemble el enemigo viendo nuestra enseña”, pero no tiene nada que ver con nuestra capacidad ni con nuestra voluntad de hacer temblar a nadie. 

Hay quien sabe encontrar un punto medio. Lo recordaba ayer el embajador retirado Carles Casajuana en La Vanguardia al hablar de una visita de Isabel II de Inglaterra en Irlanda. ¿Tenía que pedir perdón? Al final dijo: “Con la perspectiva del tiempo que ha pasado, todos podemos ver cosas que nos gustaría haber hecho de otro modo, o no haberlas hecho”. 

Un recuerdo para los exiliados y para los represaliados. Y que tengamos un buen día.

stats