Opinión 16/11/2021

El análisis de Antoni Bassas: 'La desconexión'

La enmienda a la totalidad de la CUP no era porque quisiera un referéndum, sino por el modelo de país, por los Juegos de Invierno del Pirineu, por el Hard Rock de Tarragona… Cuestiones de modelo económico o de país, muy importantes, pero que forman parte del debate político más normal que podría darse en cualquier autonomía sin necesidad de presos, exiliados o represaliados

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La presidenta de la ANC, Elisenda Paluzie, fue entrevistada ayer por Gemma Nierga en La 2 y dijo que “una parte del independentismo de base ha desconectado” y que está en modo “cuando os pongáis de acuerdo y tenga que pasar algo ya me avisaréis”. “Hay una parte de la base independentista que han desconectado. No han desconectado de estar a favor de la independencia, siguen estando a favor de la independencia. Han desconectado de leer noticias, de estar pendientes del debate de los presupuestos, de la última discusión de Junts y Esquerra; esto los quema y han desconectado. No se ve que se pretenda hacer algo desde las instituciones para avanzar hacia la independencia a corto plazo y lo que dicen es: «Ya me avisaréis, yo ya estaré ahí»”.

Creo que Paluzie acierta cuando introduce el matiz de que mucha gente no ha dejado de querer la independencia pero ha desconectado de lo que digan o hagan los partidos independentistas. Esta desconexión no es exactamente aquella “desconexión” de la que hablaban los presidents Mas o Puigdemont, es la distancia emocional que miles de votantes, activistas, voluntarios de los últimos diez años han puesto con la ejecución de un proyecto político, no con el proyecto político en sí mismo, lo cual convierte el proyecto de independencia, una vez más, en un proyecto a largo plazo, a pesar de que ciertamente hoy en el mundo pasan las cosas más increíbles en los plazos más insospechados. 

Sobre cómo hemos llegado hasta aquí no hace falta que lo volvamos a hablar, porque nos lo sabemos de memoria. De hecho, hoy, estas dos páginas de política del ARA son un resumen perfecto de lo que tiene harto al independentista de calle:

Junts hace responsable a Aragonès del desenlace que tengan las cuentas”; el Govern pretende seguir negociando con la CUP si hace enmienda a la totalidad, o sea los regates de siempre entre Esquerra y Junts. Y a la derecha, “Otra vez pendientes de la CUP. El timón de la política catalana queda de nuevo en manos de los anticapitalistas con la enmienda a la totalidad a las primeras cuentas de Aragonès, pero no es la primera vez que condicionan el futuro de los gobiernos independentistas”; o sea, las votaciones in extremis en las que parece que tiene que pasar algo y en las que todo pende de un hilo.

Como panorama no es muy alentador. Porque, además, la enmienda a la totalidad de la CUP no era porque quisiera un referéndum, sino por el modelo de país, por los Juegos de Invierno del Pirineo, por el Hard Rock de Tarragona… Cuestiones de modelo económico o de país, muy importantes, pero que forman parte del debate político más normal que podría darse en cualquier autonomía sin necesidad de presos, exiliados o represaliados. Y esto es un baño de realidad.

Que una parte de la gente de base desconectara era cuestión de tiempo, también, en el sentido de que no hay proyecto político que aguante mucho tiempo mucha intensidad, mucha exposición, mucha excepcionalidad. Es agotador en todos los sentidos, y más después de una pandemia mundial con su cola de crisis económica. 

No creo que se trate tampoco de un tiempo perdido, porque en política, como en la vida, todo se aprovecha. Quiero decir que el viaje político que ha hecho la sociedad catalana estos años no desaparece porque unos presupuestos salgan adelante o no; la vida real no es como el capítulo de un libro de historia, que cuando se acaba da la impresión de que ahí hay un corte limpio. Cortes limpios hay, pero todo lo que ha pasado no desaparece (que nos lo digan a nosotros con los efectos del franquismo).

Un recuerdo para los exiliados y para los represaliados. Y que tengamos un buen día.

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