¡Barcelona a la vista! BARCELONA
20/12/2024
3 min
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Las encuestas de opinión muestran un país poco optimista. Las grandes cifras de crecimiento macroeconómico no llegan a la calle, como ya he escrito en alguna ocasión, la explicación es sencilla. que esto suponga que mejoren las condiciones de vida del ciudadano medio. No me extraña el pesimismo sobre el futuro. fundamenta en un fuerte flujo migratorio que genera actividad y dinamismo, evitando que se produzcan cuellos de botella en algunos sectores (no todos) intensivos en personal. Sin embargo, es una política migratoria pasiva, sin prioridades ni foco que, a corto plazo, reduce la productividad de la economía y aumenta la presión en el mercado de la vivienda y los servicios públicos. No es una política orientada a la atracción de talento, ni al retorno de las personas altamente formadas que han ido abandonando el país en los últimos veinte años. No es una política, en fin, orientada a mejorar nuestro capital humano. atraer a personas cualificadas, capaces de generar un impulso económico no sólo cuantitativo, sino también cualitativo, de mayor valor añadido? he escogido cinco factores: El primero es disponer de un mercado de trabajo de gran dimensión. En el caso de Cataluña es imprescindible que la región metropolitana de Barcelona sea un territorio totalmente integrado. alta calificación puedan residir y trabajar, desde Girona a Tarragona. Un área que incluye más de cinco millones de personas, bien comunicadas tanto con transporte público como privado. único es fundamental para las parejas profesionales, pero también para disponer de los servicios personales y culturales que este colectivo demanda. Un segundo elemento es, naturalmente, la conexión internacional, comunicado al máximo. en Cataluña lo hará con el deseo de continuar conectando con el mundo, y por eso las comunicaciones aéreas sin escalas con otras áreas metropolitanas son imprescindibles. tercer factor en esta lista corta es, naturalmente, la vivienda. Las limitaciones en la oferta de suelo, las regulaciones urbanísticas demasiado restrictivas y los controles de precios están reduciendo de forma grave la oferta de vivienda, tanto de alquiler como de compra. El coste de la vida en nuestras ciudades y villas no es competitivo por culpa de un mercado de la vivienda atrofiada, al que no se le permite reaccionar ante las demandas crecientes y cambiantes de la sociedad.

Un cuarto elemento es el fiscal. Los niveles de salarios en nuestro país son, lógicamente, inferiores a los de otros países más desarrollados. Por tanto, una manera de atraer talento es jugando la carta impositiva, aunque sea con ventajas temporales, á la Beckham. Cinco años de trato fiscal competitivo son suficientes para captar talento por un tiempo. O para siempre, si los que vienen acaban seducidos por el país.

Y, finalmente, un tema más polémico, pero también primordial. Las facilidades con el idioma, para permitir el aterrizaje en nuestro país de aquellos que buscan un área metropolitana moderna, en la que crecer profesionalmente y, tal vez, acabar asentándose. Esto ya está ocurriendo de forma gradual, pero el conocimiento y el uso del inglés están todavía lejos de los niveles necesarios.

El periodista David Goodhart publicó hace unos años un libro polémico, The Road to Somewhere, en el que planteaba cómo nuestras sociedades se dividían entre aquellas personas que podían residir y trabajar en cualquier lugar (anywhere), y aquellas otras que, por habilidades y formación, estaban arraigadas en un lugar concreto (somewhere).

Soy consciente de que mi pentalogía del talento constituye una apuesta clara por los anywhere, por el cosmopolitismo. Y que va en contra de las tendencias políticas dominantes como el trumpismo. Pero no creo que un país pequeño tenga otra alternativa si su población quiere mejorar su nivel de vida y disfrutar de oportunidades de progreso.

El reto es, sin embargo, enorme. Es necesario hacer compatible esta estrategia con la mejora del nivel general de calificación de la población, para evitar así la división de la que nos hablaba Goodhart. Pero, además, y no menos importante, es necesario hacer compatible el cosmopolitismo con la preservación de la propia identidad. Por suerte, sabemos cómo hacerlo. Integrar a los recién llegados ha sido un rasgo distintivo del país desde hace más de un siglo.

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