Hay unos héroes. Son héroes reales y morales. En el cuadrado. No los verá. Tampoco los oirá. Les presento: son los profesores de las aulas de acogida. Pero, ei, los que siempre hablan en catalán. Hola (en catalán).
En las aulas de acogida desembarcan alumnos que se han incorporado en los últimos veinticuatro meses al sistema educativo catalán. Es el primer y el gran contacto con el país, la cultura y la lengua. Primer choque. Muchos profesores no quieren realizar aulas de acogida. Soplo! Es menos. No se lucen. No. Pero hay profesores que sí. Lo hacen porque creen, como todos los países del mundo, que son profesores de un país: Cataluña. Y les llega ese niño, aquella niña, de Honduras, Argelia, Ucrania… Y les hablan catalán desde el microsegundo 0. Y les explican que esto es un país que tiene una lengua, una cultura, una historia… Y alucinan albóndigas con Sugus. Y aprenden que pueden comer de ese plato autóctono. Y todo va bien hasta que…
Aquellos niños, cuando vuelven a las aulas importantes, superiores, sienten que muchos profesores que deberían dar las clases en catalán las hacen en castellano. O les contestan en castellano. Cuando salen a la calle todo el mundo les habla en español. Y les cabecea y se preguntan: ¿para qué sirve el catalán? Y se rebotan. Kleenex. Primero un moco que molesta. Luego una herida. Sangre. Dolor. Crimen. Ya es una lengua de un régimen dictatorial. Imposición. Racismo. Y las aulas de acogida son una isla-prisión. Y los profesores unos carceleros. Y nuestros héroes están solos.
Aquí comienza el drama del futuro. Las aulas de acogida deberían ser el sincrotrón del sistema educativo catalán. Son la central nuclear para energía. Interruptor. Clic. El sí o no. La lengua, la cultura, el país se juega en horas, días y en una persona. Jadeada, sudada, reventada. La victoria o derrota de muchos niños y del país está en manos de una persona. ¿Todo debe recaer en ella? Veámoslo.
Lo que vemos es el futuro. En asquerosos y dramáticos 360 grados. La holística de la desesperación. Y el analfabeto catalán se mea o se mofa de esos chicos que acuden al Salón de la Enseñanza y, pregunta de micro en mano, no saben qué es una cordillera, ni situar los Pirineos, ni una comarca de su país, ni el presidente de su país… Ni saben dónde están ellos. Ni quienes son. Nada y la nada. Y manta gente pulsa el botón nuclear y salen los misiles contra el sistema educativo, profesores, pizarras… Y ya hace años y cerraduras que los que venimos de la cultura que ha hecho este país nos preguntamos: y los padres, ¿dónde están? ¿No tienen nada que ver con todo esto? Porque enseña la escuela y enseña la familia. Si falla una pierna, falla el andar.
Sin pisar el Pirineo tampoco se sabe catalán. No Pirineo, no catalán. Después desea que estos niños que llegan aquí hablen una lengua que ni habla, ni reproduce. Pero es que no les habláis del alioli empático, el tomillo asilvestrado, Gaudí que sólo charlaba catalán… De ese país que lo ha hecho y pagado todo. El catalán no falla por el sistema que nunca ha tenido: falla por las personas. Y después esos niños quedan solos, aislados, extraterrestres. Encarcelados a dar vueltas por el espacio sin posibilidad de regreso a la tierra. Los profesores de las aulas de acogida avisan del futuro.
Tome nota: ha suspendido. Sois vosotros: profesores dimitos, padres dimitos, país dimite. Tome nota, porque se nos joderán vivos. Rebotados contra todo. Contra vosotros los primeros. E irá a parar a las aulas de recogida de residuos. Condenados por quien vosotros mismos habéis condenado.