Buen trabajo, Anna Bosch, y feliz nueva etapa
El viernes por la noche, Pepa Bueno cerraba el Telediario con una dedicatoria a la compañera y periodista Anna Bosch, histórica corresponsal de la televisión pública. Una todoterreno de la profesión que, después de treinta y seis años, se jubila. Como regalo de despedida, una crónica firmada por Carlos del Amor recogía parte de su trayectoria y, sobre todo, condensaba su personalidad a la hora de informar. El vídeo comenzaba de una manera muy acertada para resaltar el talante de la corresponsal. Eran unas imágenes de archivo de Anna Bosch en una de sus crónicas internacionales, donde relataba los enfrentamientos violentos entre la policía y los manifestantes. Bosch llevaba un casco y una máscara integral que le cubría toda la cara, con filtro antigás para evitar el contacto con las sustancias irritantes que se esparcían por la plaza. Del Amor comenzaba diciendo: “Hay algo que pocos tienen, que es ser reconocible aunque sea imposible reconocerle”. No se puede expresar mejor la personalidad televisiva de Bosch: desde el lugar de los hechos, recorriendo el espacio y moviendo los brazos para señalar al espectador aquello con lo que se tiene que fijar. Una simbiosis perfecta con el entorno que no podría sustituir ninguna nota de agencia. Sus crónicas son historia de la televisión.
La jubilación de Anna Bosch implica perder uno de los modelos más eficaces de comunicar y analizar la actualidad más compleja. Ha tenido la virtud de explicarnos el mundo desde una naturalidad narrativa que se está perdiendo.
Uno de los grandes defectos de las nuevas generaciones de periodistas es que han adoptado el canturreo informativo como una marca televisiva de solvencia aparente. En los informativos se ha impuesto una rigidez y una locución que impone unas inflexiones de voz artificiales que nos han vendido como un código propio del medio. El espectador lo ha normalizado en una especie de pacto tácito con la televisión, como un sello de profesionalidad que cada vez es más impostado.
Anna Bosch ha formado parte de la resistencia, una periodista que se ha negado a caer en las inercias televisivas más efectistas, que ha mantenido un estilo genuino, de acuerdo con su personalidad y huyendo de los tópicos y los patrones de la cultura televisiva más adocenada. Después de un largo bagaje en los informativos, con las corresponsalías en Moscú, Londres y Washington, con un periodismo con mirada propia en el programa En portada, en los últimos años la experiencia de Bosch la ha hecho más necesaria que nunca en un mundo tan convulso. Su capacidad de análisis en los conflictos internacionales y en grandes noches electorales evidencia una sabiduría y una habilidad para relacionar hechos y fijarse en los detalles que marca las diferencias.
La Bosch tiene ahora la oportunidad de disfrutar de una nueva etapa, pero como su mirada siempre está activa, esperamos que continúe observando, escribiendo y analizando con la perspectiva que da la calma. Porque es un referente y una fuente de aprendizaje de la que no podemos prescindir.