José Luis Rodríguez Zapatero en un coloquio del PSN en marzo del 2025 en Pamplona
hace 14 min
Filósofo
3 min

1. Me gustaría saber a cuánto asciende, a nivel europeo, el gasto público que supone la suma de las encuestas a pie de urna que se comentan en la tele en cada elección y eleccioncita con la intención de retener al personal frente a la pantalla. La necesidad de este espectáculo absurdo, sin ningún valor informativo real, solo justificable en términos de entretenimiento, deja entrever una considerable anomalía. La presencia de determinados "expertos" añade a la ceremonia un componente grotesco adicional. En relación al caso Zapatero, hay indicios que parecen sólidos y contundentes, pero de momento no hay nada probado. Y quien dice Zapatero dice cualquier otro caso similar, sea del partido que sea. Recordemos, por poner solo un ejemplo, las cuentas en el extranjero imaginarias que hundieron la carrera política de Xavier Trias. A pesar del precio, está bien complacer al personal con especulaciones electorales mientras hace la cena. Otra cosa es entretenerlo con rumores sobre cosas muy graves. 2. La acusación contra Zapatero aparece en un momento en que los sistemas públicos de verificación –periodísticos, judiciales, policiales– se encuentran inmersos en una incertidumbre epistemológica creciente. Esto no quiere decir que la verdad haya desaparecido del mapa, sino que la capacidad colectiva de distinguirla de la falsedad es más frágil que en otros momentos. Siempre se han alterado fotografías y se han falsificado documentos; no es ninguna novedad. La noticia es la extraordinaria facilidad y rapidez actuales para hacerlo. No estoy dudando sobre lo que se ha hecho público hasta ahora; simplemente recuerdo que yo mismo, que no sé ni jota de informática, puedo generar en menos de un segundo una imagen realista donde Zapatero baila un vals con el faraón Akenatón IV. 3. La lógica de la sospecha –por decirlo de alguna manera– ha mutado en el seno de un ecosistema mediático que cada vez depende más de las redes sociales y menos del periodismo profesional (a la larga, esto tendrá consecuencias importantes). La acusación ya se considera un hecho, y circula a la misma velocidad e intensidad que las noticias referidas a cualquier otro hecho. Este nivelación hace que las imputaciones contra una figura pública relevante se conviertan en una verdadera golosina y se ubiquen a menudo en la esfera del entretenimiento, no de la información. La verosimilitud que tengan no depende tanto de la consistencia probatoria como de la predisposición emocional e ideológica de los receptores. En la nueva lógica de la sospecha, lo único importante es el efecto que provoca y los réditos que genera.

4. La dificultad real, innegable, de discriminar la información razonablemente fiable de la adulterada incrementa el poder de los intermediarios digitales. Las plataformas, los algoritmos y los canales de difusión rápida actúan como amplificadores de cualquier contenido que genere tensión o polarización y, por encima de todo, espectáculo. Esto hace que la acusación no circule por una red vial neutral, sino en un entorno que premia la exageración y la simplificación, y penaliza la matización y el tiempo necesario para verificar los hechos. Para algunos políticos y contertulios, Zapatero es un trofeo de caza mayor. La matización o la aclaración les estropea la fiesta, incluso en caso de que se acabara demostrando en sede judicial que es culpable. El objetivo es que sea culpable ahora. Ya. 5. Cuando la frontera entre verdad y falsedad es tan borrosa como en la actualidad, lo que importa no es demostrar nada concreto, sino hacer más atractivo un relato preexistente: ponerle música, perfeccionarlo, pulirlo... y no solo en una dirección. El fin de semana pasado oí dos comentarios en la tele pública española que describían a Zapatero, sobre todo, como el presidente que impulsó el matrimonio entre personas del mismo sexo. Entre este subrayado tan concreto y la afirmación según la cual quienes lo acusan son homófobos, por ejemplo, hay, en el seno del ecosistema mediático del a-ver-quien-la-dice-más-gorda, una línea muy finita. 6. Una pieza central del asunto que comentamos son las hermanas Laura y Alba Rodríguez Espinosa, las hijas de Zapatero, propietarias de una empresa clave en esta supuesta trama delictiva. Hace unos años fueron objeto de escarnio tanto por su aspecto físico como por la indumentaria que llevaban en una foto con el matrimonio Obama. En aquel momento se les pixeló el rostro porque eran menores de edad. ¿Qué se pixelará, ahora? Pixelar es un signo de los tiempos: el nuevo velo digital. Llegados a este punto, alguien dice: "Bueno, todo este rollo está muy bien, pero usted cree que Zapatero es culpable o inocente, ¿eh? ¡Mújese, hombre!". El velo de la simplificación, el esparto argumental...

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