Continuando con mi último artículo, donde argumentaba que el franquismo tuvo consecuencias nefastas para nuestras ciudades, querría abordar el legado envenenado de la mala gestión de las estructuras de poder, que reaccionaron tarde y mal a las miserias de la posguerra, a la sequía en los campos y al éxodo de miles de personas de los campos hacia las ciudades. A menudo se argumenta que Franco hizo muchas infraestructuras (presas, autopistas, pisos). También fue el impulsor del desarrollismo, con graves retrocesos en materia de urbanismo. Lo que no sabemos es el tipo de ciudad que tendríamos si hubiera ganado la República. Seguramente ahora tendríamos un parque público de vivienda decente y barrios con mejor equilibrio entre residencia y servicios, con escuelas, centros de salud y espacios culturales más generosos. Pero como la historia no nos la podemos inventar, solo puedo imaginar. Lo que sí sabemos es que más allá de los grandes polígonos impulsados por organismos públicos como la Obra Sindical del Hogar o el Patronato Municipal de la Vivienda, solo hay cuatro grandes polígonos de promoción privada, como Bellvitge, Ciutat Meridiana, la Ciutat Cooperativa de Sant Boi y el barrio de Santa Elvira en Montcada, que tienen graves carencias de servicios y equipamientos. En las décadas de los sesenta y setenta se creció mal, sin pensar. Donde había ciudades jardín se permitió crecer con zonas suburbanas, como en el caso de Calafell, Platja d’Aro, Roses y el Maresme. En el litoral se permitieron auténticas barbaridades por la presión turística, como en Lloret y Riells. Y sobre antiguos tejidos de casitas en hilera se permitió crecer con bloques sin ningún tipo de integración en el entorno. El sector público olvidó el mandato constitucional de redistribuir parte del aumento de valor que origina la transformación urbana para que revierta en la comunidad, y a menudo se dejaba que los promotores cedieran márgenes o bordes de los terrenos como zonas verdes imposibles, y se obviaba la obligación de urbanizar calles.
Esto es imperdonable, teniendo en cuenta que cien años antes Ildefons Cerdà había sentado las bases para que las sociedades mercantiles que edificaron el Eixample cedieran gratuitamente terrenos para hacer calles o equipamientos y se ajustaran a unas ordenanzas simples pero iguales para todos. Resulta que buena parte de los edificios de los años 1970 ahora se ven envejecidos, segregados y degradados; mientras que los edificios de los años 1890 a 1930 del Eixample aguantan bien el paso del tiempo con constantes pequeñas renovaciones.
Con estos dos grandes temas acabados, se pueden abrir otros melones. La renovación del legado del Para que la gente vuelva a confiar en las instituciones es importante que las ciudades se vayan transformando hacia mejor, que se perciba que cuando hay un problema grande la intermediación de los ayuntamientos aporta soluciones razonables para todas las partes, por muy difíciles que sean. La culminación de la Sagrada Familia es un hito en este sentido, y también lo ha sido el Parque de las Glorias, que ha pasado de ser un nudo viario a una plaza verde muy utilizada por el vecindario.Con estos dos grandes temas acabados, se pueden abrir otros melones. La renovación del legado del desarrollismo es un melón de los grandes, y las ciudades van innovando como pueden, pero no hay un instrumental compartido. Dada la magnitud del reto, y visto que incluso la Sagrada Familia se ha podido acabar dentro del plazo y en la forma adecuada, ahora toca la renovación de centenares de bloques, que, con unas reglas claras y un flujo de dinero público con retorno a largo plazo, permita ampliar el parque público y dé garantías de que nadie tenga que marcharse después de las reformas. La primera pregunta que hay que resolver es compleja y se debe debatir en el Parlament: ¿cómo se hace para invertir centenares de millones de euros en la rehabilitación del legado del franquismo, con ayudas a propietarios individuales, que se debe evitar privatizar como en el pasado? En Francia se ha hecho con éxito en bloques de propiedad vertical de entidades sin ánimo de lucro, sin incrementar los alquileres de los residentes pero con garantías de que tampoco se lucrarán; simplemente se les mejoran las viviendas para que se queden a vivir tantos años como quieran. Aquí, si se blinda el mecanismo por ley, se podría hacer masivamente en todos los barrios.