En el juicio por el caso Ábalos, su antiguo asesor en el ministerio de Transportes, Koldo García, ha tenido que contestar esta pregunta del fiscal: “¿Qué son las xistorras?” La respuesta del hombre –que se enfrenta a diecinueve años de prisión– ha sido la que sospechaba la policía: billetes de 500 euros.
Quizá ustedes, lectores, no han tenido a mano uno de estos billetes. No como yo, que soy mujer de mundo y me paso el día en el casino cambiándolos por fichas. Son de un color entre rosa y morado, y es por eso que el admirado Koldo García y sus compañeros las llamaban xistorras. La xistorra es un embutido de este color, sobre todo cuando está cocida. Es muy popular en el País Vasco y en Navarra, cosa que me hace pensar que las tramas corruptas deben ser siempre de kilómetro cero.
Desde aquí animo a los emprendedores catalanes a construir una trama como esta, en nuestro país (o, para decirlo como toca, en nuestro “territorio”). Espero que los futuros protagonistas de esta trama sean lectores todos del diario ARA y en especial de la sección Cuina sÀvia, que hacemos con tanto placer. Quiero decir con esto que a la hora de mencionar billetes de banco tengan en cuenta nuestras particularidades gastronómicas, como Koldo. Así, de los billetes de quinientos deberían decir fuets, por favor. Los de cinco euros (si tuviéramos una trama modesta), que son de color gris, deberían ser bulls blancos. Los de diez, rojos, chorizos de budell cular. Los de cien, verdes, deberían ser lechugas de en Pep Salsetes. Y los de 200, marrones, unos fricandós. No seremos un país normal hasta que no tengamos ladrones normalizados lingüísticamente.