Los 'cowboys' globales

Trump, el secretario de Estado, Marco Rubio, y el secretario de Defensa y jefe del Pentágono, Pete Hegseth, entre otros hombres, siguiendo el ataque a Venezuela y la captura de Maduro.
06/01/2026
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El secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, cerebro pensante y al mismo tiempo brazo ejecutor de los planes de la administración Trump para América Latina, es hijo de cubanos, y durante la campaña electoral explicó que sus padres habían llegado a EEUU en 1959 huyendo de la persecución del régimen castrista. Era una mentira que Rubio divulgaba para ganar votos entre la comunidad cubana anticastrista: en realidad sus padres llegaron a EE.UU. en 1956 (él nació en 1971), y la familia Rubio tuvo poco o nada que ver con la resistencia contra la dictadura de Fidel Castro. Sí tuvieron, en cambio, una curiosa experiencia a mediados de los ochenta, cuando Marco Rubio tenía catorce años: su familia vivió temporalmente en una casa que servía de almacén de cocaína a una banda de narcotraficantes liderada por Orlando Cicilia, que fue cuñado del actual secretario de Estado. Solo este hecho establece ya más relación entre Marco Rubio ("Narco Rubio", broma fácil en Miami) y el tráfico de drogas que el que pueda tener el presidente colombiano Gustavo Petro, señalado por Trump como el próximo que puede recibir una visita fantasiosa de la DEA y la Delta Force a las tantas de la madrugada, con muertes.

Hablábamos de los planes de la administración Trump para América Latina. Básicamente, consisten en apropiarse de los recursos naturales del continente (petróleo, oro, cobre, tierras raras, costa y selva para turistificar), con el apoyo de gobiernos títere o afines. Por eso, hay que acabar con los gobernantes de izquierdas (sean dictaduras o democracias), acusándoles de criminales y de narcotraficantes, y sustituirlos por gobernantes afectos al credo ultraliberal, que personifican a Milei en Argentina o Bukele en El Salvador. También pueden ser dictaduras o democracias (formalmente, al menos), y también pueden ser criminales y narcotraficantes: la única condición es que sean dóciles en Trump. Otro ejemplo es Juan Orlando Hernández, expresidente de Honduras, que cumplía condena en una cárcel estadounidense precisamente por narcotráfico, y que fue indultado por Trump hace un mes. El indulto coincidió -no por casualidad, evidentemente- con la victoria electoral del sucesor de Hernández como candidato a la presidencia, Nasry Tito Asfura, una victoria que Trump, en su red Truth Social, describió como "un gran éxito político y financiero".

Riquezas en efectivo o en especies: no hay más. La idea que tiene el trumpismo de la gobernanza, y de la política misma, comienza y termina en el dinero. La cowboy diplomacy es un asalto continuo: consiste en llegar a un pueblo rival, derribar a las autoridades, poner un sheriff afín y vaciar la caja del banco y la del saloon. Rubio, junto con el secretario de Defensa, Pete Hegseth, y el mediocre escritor JD Vance en la vicepresidencia, son los lugartenientes con los que Trump se propone llevar a cabo de una vez por todas el viejo ensoñación imperialista del completo dominio yanqui sobre América Latina. Europa, esa Europa que lo mira entre atónita y sumisa, espera turno para ser violentada con cualquier excusa.

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