26/10/2021

Crímenes, condenas, expiaciones

4 min
Pancarta desplegada a las puertas del Congreso  en un acto organizado por Amnistía Internacional sobre las víctimas del franquismo para reclamar mejoras en el proyecto de ley de Memoria histórica.

Empecemos por fijar posiciones: nadie, por mucho que se esfuerce, encontrará en ninguna fonoteca, videoteca, hemeroteca ni biblioteca una frase mía que justifique, disculpe o minimice los atentados cometidos por ETA después del fin del franquismo. Tampoco he participado nunca del embelesamiento de una parte del nacionalismo catalán hacia el mundo abertzale, ni he tenido al señor Arnaldo Otegi entronizado en ningún altar, por más que el ensañamiento represivo del Estado contra él me pareciera escandaloso. También se lo pareció al Tribunal Europeo de Derechos Humanos. 

Desde esta perspectiva, las palabras del coordinador de EH Bildu, el otro lunes, lamentando el dolor causado por ETA y afirmando que aquel sufrimiento no se tendría que haber producido las encuentro un paso positivo y , a pesar de que demasiado corto. Y entiendo que, desde una ética rigurosa, desde un pacifismo gandhiano (ni el PNV ni el PSOE son pacifistas gandhianos, sino partidos con intereses) se le pueda exigir más. Aquello que me resulta inaudito, extemporáneo y esperpéntico es que quien exija al dirigente abertzale condenas y expiaciones sin fin sea la triple derecha española. Vaya, el PP y Vox, porque Ciudadanos ya se agarra a un clavo ardiendo.

Como saben, apenas Otegi había acabado su comparecencia en el donostiarra Palacio de Aiete los verdes de Abascal y los azules de Casado reaccionaron en tromba. Cojo, sin embargo, como referencia lo que dijo Cuca Gamarra, portavoz parlamentaria del PP en el Congreso: las palabras de Otegi son pura hipocresía y están mancadas de valor moral “mientras no terminen los homenajes a etarras. [...] Lo que tiene que hacer es condenar a ETA, cosa que no hace, y ayudar a esclarecer los más de 300 asesinatos que todavía estan sin esclarecer”.

Serían unas demandas plausibles y razonables en boca de cualquiera... excepto del PP español y de sus “hermanos separados” de Vox. ¿Cómo pueden exigir la condena póstuma de ETA aquellos que se han negado siempre a una condena inequívoca del franquismo y, en el caso de Vox, incluso lo reivindican, porque unos y otros son herederos biológicos o morales de ello? ETA fue una banda criminal que perpetró más de 800 asesinatos. El franquismo fue un régimen criminal responsable, a lo largo de 39 años, de cantidades inmensas de sufrimiento y humillación infligidos a millones de personas; una dictadura que, después de la Guerra Civil, ordenó todavía más de 50.000 fusilamientos... ¿Y no merece una condena tanto o más rotunda que la que merece ETA?

El PP y sus corifeos se indignan de que, en los pueblos de residencia, se festeje a los presos etarras liberados por cumplimiento de la pena. Al mismo tiempo, ellos legitiman –y, cuando gobiernan, subvencionan– la Fundación Francisco Franco, que es una especie de ongi etorri gigantesco y permanente en honor del responsable último de centenares de miles de muertos, torturados, expoliados, secuestrados de manera pseudolegal, etcétera. Y, en los municipios que gobiernan, se han resistido enconadamente a eliminar del nomenclátor calles dedicadas a homenajear a generales golpistas, fascistas de pluma o de pistola y antidemócratas de todo tipo.

La señora Gamarra también reclamó que Otegi contribuya a resolver los tres centenares de asesinatos de ETA de los que no se ha podido determinar la autoría. Es una exigencia tan legítima como poco realista –por eso la hace, porque sabe que es imposible de cumplir–, pero sorprendente en boca de un partido que ha bloqueado sistemáticamente la búsqueda de los más de cien mil desaparecidos de la Guerra Civil y la primera posguerra; del partido que, con Mariano Rajoy en la Moncloa, anuló la ley de memoria histórica de 2007 por la vía de no atribuirle ninguna dotación presupuestaria y, por lo tanto, paralizó la búsqueda de fosas, la identificación mediante el ADN de los restos humanos encontrados y cualquier otro mecanismo de reparación simbólica en favor de los damnificados por la dictadura franquista. 

Finalment, la exalcaldesa de Logroño también pidió que los crímenes de ETA no prescriban. Desconozco la dimensión jurídica del asunto; aun así, resulta curioso que los crímenes de ETA tengan que ser imprescriptibles y en cambio los del franquismo sean injuzgables. Sí, gracias a la ley de amnistía de 1977, pero, sobre todo, debido al hecho de que, dentro del amplio espacio de la derecha político-mediático-judicial, nadie parece creer que cuatro décadas de dictadura generaran ninguna responsabilidad personal por la que se tengan que rendir cuentas. Vean el caso de Rodolfo Martín Villa: no tan solo piensa que no lo puede juzgar nadie, y que no tiene que pedir perdón para nada, sino que tiene los bemoles de demandar al Ayuntamiento de Barcelona por haberle retirado, en una votación democrática, la Medalla d'Or de la Ciutat. Es el desembarazo de saberse impunes.

Siempre que intentan pasar el rastrillo mediático y electoral al tema de ETA (tanto en Altsasu como por ejemplo con Otegi), las derechas hispano-españolas invocan el derecho de las víctimas de aquel terrorismo a tener “dignidad, memoria, justicia y verdad”. ¿Y las infinitamente más numerosas víctimas de los estragos del franquismo no son merecedoras de dignidad, memoria, justicia y verdad?