El Congreso de los Diputados rechaza la propuesta de Vox, con el PP a favor, para prohibir ese tétrico trapo negro que cubre de arriba abajo a algunas mujeres islámicas, con una rejilla para los ojos (todo un detalle), llamado burka. Junts ha presentado su propia propuesta para prohibirlo, y el PNV propone crear una subcomisión y pide que se haga "un debate sereno". Silvia Paneque, del PSC, ha dicho que genera "negüedad" dentro de la sociedad catalana, y que hay que estudiarlo desde el punto de vista de la "seguridad" y desde su naturaleza de elemento "de identidad que puede tener elementos de confrontación entre personas".
Hacer un debate sereno. Qué gracia. Yo encontraría quizás bien un debate sereno sobre el pañuelo en la cabeza (y sobre las rastas de los rastafarios y las pelucas de las judías ortodoxas), pero hacer un debate sereno sobre este instrumento de tortura me parece loco e inadmisible. ¿Qué se puede hacer un debate sereno o no sereno sobre maltratar a los animales domésticos? No. No hay debate. Y digo sobre los animales domésticos, porque las mujeres con burka que veo por Manresa, detrás del marido, a veces sentadas en cafeterías con ellos alimentándolas con la cuchara, me lo parecen, de animales domésticos. Tal cual. Animales domésticos. Nada más.
Para hacer un debate sereno sobre el burka haría falta una cuestión muy importante y básica. Que las mujeres que le sufren pudieran debatir. Explicar cómo las satisface taparse todos los días y andar vigilando de no caer por culpa de la falta de visión lateral. Pero esto, claro, no va a suceder, porque una anulación así del cuerpo es también una anulación del alma. ¿Quién lo tendrá, el debate sereno? ¿Los imanes y los maridos? Venga, va.