El empresario Elon Musk.
07/02/2026
Filósofo
2 min

"La voz de la democracia no será doblada por los tecnooligarcas del algoritmo", dice Pedro Sánchez en una nueva y desafiante puesta en escena. Hace quince días fue la inmigración, el espantajo preferido de las extremas derechas para movilizar a la ciudadanía. El presidente anunció la regularización de todos aquellos que lleven al menos cinco meses aquí. Reconocimiento de los derechos y de la dignidad de Abascal y Vox y la indignación del PP, con el argumento patético de siempre: vienen a tomar el trabajo a los ciudadanos ya diluir los valores esenciales de la patria. escalones en el desafío. Al anunciar el alejamiento de los menores de 16 años de las redes sociales ha provocado la reacción furiosa de Elon Musk y compañía, representantes canónicos del menosprecio de la población por parte de los que la consideran carne de explotación. parece evidente que el empleo y el uso sin medida que están haciendo determinadas compañías del espacio digital que pretenden controlar, desde la lógica de una sociedad en la que todo vale siempre que sea en su beneficio, dada la dimensión que está adquiriendo, puede llegar a ser una verdadera amenaza a la dignidad de la condición humana. personas, el principio nihilista del todo está permitido que impera en el mundo digital, ponen en evidencia a quienes reaccionan con indignación contra el anuncio del presidente. Son los promotores y beneficiarios de unas redes en las que reina la insolencia; donde la noción de límite brilla por su ausencia y pone a los chicos y chicas en estado de formación en un marco delirante; donde la idea de los valores y la responsabilidad decae en picado; donde se deja el espacio comunicacional en manos de la llamada tecnocasta; donde se favorece la ignorancia, la impunidad y la radicalización reaccionaria. Y cualquier advertencia sobre esa realidad me parece digna de ser escuchada. No es sólo Sánchez: también los gobiernos de Francia y Alemania han planteado la necesidad de detener los desechos de la tecnocasta, por muy atrevido que parezca desafiar el poder inmensurable de los promotores de las redes sociales y de todo lo que les acompaña.

Pedro Sánchez parece haber visto un resquicio de oportunidad. ¿Conectará una parte de la sociedad con su apuesta de reanimación democrática, o simplemente se seguirá desdibujando su figura, como algunos hace tiempo que pronostican? En cualquier caso, con estas dos iniciativas –migración y tecnooligarquía– ha sacudido la escena pública. Falta ver si contribuye a despertar a unas izquierdas en pérdida de conexión con la gente y la realidad. ¿Anticipación de un agotamiento de la hegemonía conservadora o huida hacia adelante de un presidente que busca desesperadamente reanudar vuelo? En todo caso, con él o sin él, es un debate que debería ser ineludible, porque afecta directamente a la condición humana: ¿podemos imaginarnos el futuro de una sociedad colgada de la tecnocasta? ¿Estamos a tiempo aún de evitar quedar atrapados en las redes?

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