La democracia debe detener a Trump
En noviembre de 2026, el día 10, los ciudadanos de EEUU votarán las elecciones de medio mandato, la midterm election, que marcan la mitad de cada legislatura. Son elecciones generales en las que se eligen los miembros de la Cámara de Representantes (435 escaños), así como un tercio de los escaños del Senado (33 o 34 sobre 100). A pesar de toda la parafernalia absolutista que le rodea, o precisamente a causa de esa misma parafernalia, Trump actualmente tiene unos índices de aprobación muy bajos y podría perder el control de una de las dos cámaras, lo que supondría un freno real a sus ínfulas imperialistas.
Es una posibilidad de momento incierta y remota (depende, entre otros factores, que los demócratas logren sacudirse la apatía que arrastran: el anunciado efecto Mamdani no se ha acabado de producir y el nuevo alcalde de Nueva York, de momento, parece más un populista con consignas de izquierdas que una alternativa sólida), pero es una posibilidad. Que Trump teme las elecciones de noviembre lo demuestra el hecho de que, en lo que llevamos de 2026, ya ha comentado dos veces que convendría cancelarlas. Lo ha hecho con argumentos típicamente suyos, como que él y su gobierno están haciendo "tan buen trabajo" que es una lástima tener que someterla a la verificación de las urnas, o que no vale la pena competir con demócratas porque "tienen las peores políticas". La insistencia en la idea de cancelar las elecciones de medio mandato ha causado un malestar que la Casa Blanca ha intentado calmar diciendo que Trump "bromeaba". Las alarmas son justificadas porque hace tiempo que el paquidermo naranja y su entorno cuestionan el sistema electoral de EEUU. Trump nunca reconoció la victoria de Biden en las elecciones de 2020 (al contrario, dijo y sostuvo que las elecciones habían sido fraudulentas), y su respuesta fue el asalto al Capitolio: de forma bien explícita, una de sus primeras medidas fue indultar a todos los imputados o castigados en aquel episodio oscuro. Trump y los suyos también han puesto sobre la mesa la posibilidad de un tercer mandato, una amenaza que en sí misma representa un ataque a la Constitución americana y que subraya aún más, por si fuera necesario, la deriva autoritaria del trumpismo (que no se acaba en Trump: al contrario, cuando el líder decaiga hay un amplio abanico de jóvenes herederos).
Hemos dicho codiciosos y amorales. codiciosos: la fortuna personal de Trump ha aumentado en 4.000 millones de dólares sólo en este primer año de presidencia. Amorales: Trump afirma que su moral tiene más peso que el derecho internacional, entre otras cosas porque la desconoce, la moral. EEUU ha presumido de ser, y de haber sido, la piedra de toque de las democracias occidentales, el sistema con el que se comparan las demás democracias para valorar si van bien. Hay que demostrar que esta democracia es lo suficientemente fuerte como para detener a un megalómano que, por su vanidad y avaricia, es capaz de llevar a su país a una guerra civil y el mundo a una guerra mundial.