Pedro Sánchez en el Congreso en una imagen reciente.
04/03/2026
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Por supuesto que la declaración de Pedro Sánchez en respuesta a las amenazas de Trump tenía un clarísimo "contenido político" y estaba pensada para favorecer los intereses propios: no hay ningún político que haga nada que no tenga "contenido político" y sin pensar en los intereses propios, y Sánchez no sólo no es ninguna excepción a esta norma, sino que hoy en día es uno de los líderes. Quizás no porque él sea particularmente brillante, sino porque alrededor todo es demasiado oscuro.

Prueba de esa inteligencia fueron los puntos más destacados de su alocución. Recordar que uno de los valores fundacionales (y uno de los objetivos políticos) de la UE es el mantenimiento de un espacio de paz vehiculado por los tratados y la legalidad internacional no es oportunista en momentos como los actuales, sino necesario. Más que más, en una Europa en la que todo un canciller alemán, Friedrich Merz, se agacha ante un gángster como Trump y no solo no sale en defensa de la Unión Europea (declarar un cierre comercial contra España, en este caso, es declararlo contra el conjunto de la Unión), sino que hace el papelón de darle la razón en el absurdo gasto5 como pura muestra de desprecio contra los aliados atlánticos. Un papel de estraza como éste no habría aceptado hacerlo una Angela Merkel, de la que se echa de menos la clarividencia y el sentido del liderazgo (aunque también cometiera errores graves, como las políticas de austeridad para afrontar la crisis de 2008).

Hablando de crisis, Sánchez señaló la peligrosidad de un escenario geopolítico marcado por guerras ilegales, invasiones, expolios y genocidios como los que perpetran EE.UU. e Israel. No es difícil comprender que toda esta inestabilidad pueda tener también como consecuencia una nueva retracción económica y financiera global, sobre todo si se acompaña de políticas de fiscalidad imperialista (los espectáculos de Trump con aranceles, embargos o cierres de fronteras). En clave de consumo interno, acertó desempolvando el eslogan del No en la guerra y recordando el trío de las Azores: hay que recordar que Aznar es el responsable directo de haber involucrado a España en una guerra ilegal que tuvo el coste de los atentados yihadistas del 11-M, con 193 muertos, y que aún es la hora de que responda ante la justicia, como criminal de guerra.

La decisión de no permitir a EEUU utilizar las bases militares de Rota y Morón, y la respuesta de Trump en forma de amenazas, compromete al siempre proclamado patriotismo del PP y de Vox, que se encuentran ahora en la tesitura de pasar, pardiez, por traidores en España. Mientras, cabe recordar que la idea de que la guerra es "el precio a pagar" por mantener la seguridad y la paz no sólo se ha comprobado que es falsa, sino que es obsoleta e involutiva, propia de inteligencias oxidadas o mal formadas. Irán estaba bajo un régimen miserable, pero no ha mejorado en absoluto (a pesar de la buena noticia de la muerte de Jamenei) en los cinco últimos días.

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