El presidente del gobierno español, Pedro Sánchez, este martes durante la presentación del Plan de Integración.
04/07/2026
Filósofo
2 min

¿Qué ha sido de la socialdemocracia europea? Es chocante que España sea uno de sus últimos reductos. ¿A qué se debe esta bajada generalizada que está dando vida a la expansión de las extremas derechas y que no encuentra compensación dentro del espacio a la izquierda de los socialistas, que vive aún con más desconcierto esta coyuntura? ¿Tenemos que entender que el papel de la socialdemocracia era de contrapunto durante el capitalismo industrial, en el marco de las democracias europeas del siglo pasado, y que ahora no acaba de encontrar su lugar en el nuevo capitalismo financiero y digital? Es evidente que el sentido de las palabras y las cosas cambia, y que la mutación de los criterios de verdad y virtud que configuran cada momento tiene un impacto sobre las maneras de organizarse de una sociedad. Pero el papel de la socialdemocracia era fundamental, y su debilidad se nota. Y lo que es inquietante es que, mientras la socialdemocracia se desdibuja, ganan presencia por doquier formas descaradas de uso de las pulsiones autoritarias, con un desplazamiento manifiesto hacia la radicalización derechista que propaga exponencialmente las pulsiones neofascistas.

Tampoco los partidos a la izquierda de la socialdemocracia encuentran un lugar. Incluso les cuesta en España, donde los socialistas aún aguantan. El comunismo europeo, como ideología, no ha sobrevivido al derrumbe del muro de Berlín. Pero lo que es significativo es que las apuestas por abrir campo a la izquierda más allá del comunismo institucional también han fracasado; probablemente, porque no consiguieron una diferenciación suficientemente grande para no ser arrastradas por el derrumbe del edificio soviético. Los nuevos tiempos produjeron experiencias con impactos mediáticos fulgurantes, como en el caso español con Podemos, Pablo Iglesias y compañía, pero las pulsiones exhibicionistas y las rivalidades entre egos desbocados –expresiones de una falta real de proyecto– gestaron unos liderazgos acelerados que estallaron en medio del espectáculo de la psicopatología de las pequeñas diferencias.

Entre una sociedad articulada alrededor de la fábrica en la que los amos y los trabajadores tenían un lugar donde se encontraban y la dispersión actual hay un abismo. Pero lo que es evidente es que el vacío que dejan las izquierdas lo está ocupando la extrema derecha. Una señal inequívoca de que la democracia está en peligro. ¿Quién puede restaurar o asumir el rol de la socialdemocracia? ¿Qué se debe hacer si queremos consolidar un sistema de contrapesos que permita sostener la actualización de la democracia antes de que la perdamos en manos del autoritarismo postdemocrático, sin que sepamos por qué?

stats