1. “En Barcelona, una cumbre con acentos abiertamente anti-Trump, a la estela de Pedro Sánchez”, titulaba Le Monde. Y a Emmanuel Macron le ha entrado la inquietud, el miedo a que la iniciativa del presidente español cuajara, y ha comenzado a movilizar a los dirigentes europeos. Mientras Sánchez compartía mesa con el presidente Lula, Macron estaba con el alemán Friedrich Merz, el británico Keir Starmer y la italiana Giorgia Meloni.
Después de su naufragio en Francia, donde su autoridad como presidente hace tiempo que está en vías de caída, Macron busca en el espacio internacional la manera de volver a hacerse oír. Y, como Sánchez, ha visto en los delirios de Trump una oportunidad: alguien tiene que empezar a imponer el sentido común, a volver al principio de realidad. El “No a la guerra” parece que ha empezado a despertar la opinión pública europea. Macron ha comprendido que no valía la pena dormirse, no fuera que la izquierda se aprovechara de la desidia de una derecha a la que tanto le cuesta superar el temor reverencial al presidente americano. Y se ha puesto en marcha antes de que Sánchez hiciera demasiado camino, no fuera que las izquierdas europeas capitalizaran esta crisis. Macron busca aliados para llevar las instituciones europeas a una posición de consenso.
De momento, en Francia, quien se ha pronunciado más contundentemente es Bruno Retailleau, candidato de Los Republicanos a las presidenciales de 2027 y enemigo personal del presidente Macron. Ha asegurado que quiere ver a España “excluida de las naciones europeas” por su política migratoria: “No se puede soportar la regularización masiva tal como Sánchez la ha hecho. [...] No os dejéis engañar”. La extrema derecha habla sin ambages.
2. En todo caso, personalidades aparte y más allá del resentimiento por frustración de Macron o de la ambición política de Pedro Sánchez, lo que queda claro es que en Europa empieza a haber quien ha entendido que nos encontramos en un momento de oportunidad para un cierto despertar de las izquierdas antes de que la ola reaccionaria no se imponga lo suficiente y que las derechas democráticas están cada vez más desbordadas. Macron apela a la derecha europea por la vía institucional cuando esta está cada vez más cerca de claudicar ante la extrema derecha. Sánchez señala un camino, lejos todavía de construir alianzas sólidas, que de momento no va mucho más allá que los vínculos entre latinoamericanos. ¿Cómo hay que entender la reacción de Macron? ¿Como una oportunidad de rehabilitarse —difícil de imaginar con el nivel de desgaste y acorralamiento en que se encuentra (no tiene reconocimiento ni en Francia)— o simplemente como un intento de liderar la radicalización del espacio conservador europeo, por la vía del miedo y la amenaza? ¿Qué pretende Macron señalando a Sánchez como peligro? ¿Agrupar las derechas liberales europeas sin ceder a la extrema derecha, aprovechando los delirios de Trump que ofenden y desorientan al sector liberal conservador y, así, reactivar la democracia liberal? ¿O bien simplemente contribuir a crear una sensación de riesgo y devaluación de los valores conservadores, buscando convertirse en el líder de una cierta radicalización derecha-izquierda?
El problema de Macron es que está tocando techo muy joven. Antes de los cincuenta años será expresidente de la República. ¿Qué límites tiene esta condición? ¿Es realista que Macron piense que, a partir de aquí, puede volver al primer plano de la escena y liderar un nuevo proyecto? ¿O su reacción ante Sánchez es estrictamente ideológica? ¿Busca reactivar la oposición derecha/izquierda en un momento en que Europa está bajo la amenaza del autoritarismo postdemocrático, ahora que, paradojas de la historia, la guerra y los delirios trumpistas y de sus acólitos han hecho que, lentamente, algunas izquierdas se despertaran y que el discurso progresista volviera a respirar? Es decir, ¿Macron apuesta por un paso adelante, en confrontación dialéctica con las izquierdas, para reconstruir el terreno común o cede a la dinámica autoritaria a la espera de que Trump desaparezca y las derechas puedan imponer discretamente su hegemonía?