Por los medios de comunicación ha circulado la falsa creencia de que la supuesta terapia de los Andic era de orientación psicoanalítica. Las informaciones que se han publicado últimamente también afirman que la terapeuta pretendía influir en la relación económica entre padre e hijo intentando convencer al padre para que diera al hijo una gran cantidad de dinero con el objetivo de resolver el conflicto que los enfrentaba. También se ha publicado que la terapeuta había puesto como condición al padre llevar a cabo esta donación en favor del hijo si quería continuar con el tratamiento.
Digámoslo claro: todo esto es radicalmente incompatible con el psicoanálisis.
Al principio, Freud usó la hipnosis como un método extremo de influencia para curar a las personas. Sin embargo, muy pronto concluyó que las directivas del médico no resolvían los conflictos de los pacientes, sino que, al contrario, enquistaban las patologías. En lugar de descubrir las causas de su malestar, entenderlas y superarlas, se agudizaban sus síntomas. Por esta razón, la terapia psicoanalítica abdicó, de entrada y para siempre, de la dirección de conciencias. El psicoanálisis no pretende comandar la vida de las personas ni convertirlas en individuos de éxito adaptados a las creencias e ideales del terapeuta o de la época. Cada uno, por medio de la palabra, va descubriendo qué hay más allá de su propio síntoma, buscando opciones posibles para salir adelante en la vida. Algunos síntomas, en efecto, tienen relación con una experiencia de rivalidad entre hermanos, padres y madres. En La novela familiar del neurótico (1909), Freud hizo patente que la familia, en el inconsciente, es una representación. Cada uno construye una ficción sobre quiénes son sus padres, sus hermanos y, sobre todo, su infancia olvidada. Esta ficción, la neurosis la acentúa en una posición imposible: la culpa es de los otros, y yo soy la víctima. Todas estas cuestiones emergen gracias al trabajo psicoanalítico.
En Cataluña hemos tenido una larga tradición de psicoanálisis, desde los inicios del siglo XX con Emili Mira y Ramón Sarró, pasando por la propuesta de Francesc Tosquelles (de quien se ha hablado mucho gracias a la obra de Joana Masó publicada por Arcàdia en 2021), así como el papel de Júlia Corominas, Pere Bofill y Pere Folch, hasta la estabilización institucional con la democracia, en la década de los ochenta-noventa, por medio de las diversas escuelas que se han ido creando en el país: la Societat Catalana de Psicoanàlisi y l’Escola Lacaniana de Psicoanàlisi de Catalunya, entre otras.
El psicoanálisis incluye una perspectiva crítica hacia una sociedad narcisista, que se mira a sí misma, que prefiere un coach (la palabra significa entrenador) que le diga qué hacer más que atreverse a saber la causa de la angustia que le habita y cómo salir de ella. Por eso podemos pensar qué diría Freud sobre el caso Andic: que no hay nada, de lo que se dice sobre la supuesta terapia de los Andic, que responda a los principios y a la experiencia del psicoanálisis.