Leímos en el ARA que la escritora y poeta Juana Dolores “está a punto de abandonar el catalán como lengua de creación literaria, ante la presión y el linchamiento sistemático que sufre en las redes sociales”. Lo razona así: “El 90% de mi obra está escrita en catalán. Si se quiere que siga escribiendo en catalán, espero que la situación cambie, porque la verdad es que estoy a punto de dejar de hacerlo y me doy cuenta de que cada vez me da más pereza”.
Yo no sé si la presión y el linchamiento son porque escribe en catalán. Si es así, la presión y el linchamiento han hecho efecto. Que esté a punto de dejarlo significa que envía, a través de estas redes, un ultimátum. Me sorprende este uso verbal. “Si se quiere que siga escribiendo en catalán...” No nos lo dice a nosotros, los hablantes y los que disfrutamos de su obra literaria, porque si no diría “Si queréis...” Usa un “Si se quiere” impersonal, como si se dirigiera a las altas esferas y no al populacho. "Si se quiere” que siga escribiendo, espera que la situación cambie. Este “espero” tiene el componente necesario de amenaza y me parece muy valiente por su parte. Se da cuenta, dice también, de que esto de escribir en catalán cada vez le "da más pereza”.
El catalán es la única lengua del mundo que se abandona a voluntad, como reacción al trato que recibes por parte de tus seguidores en Instagram y la única que, por culpa de los seguidores, cada vez te da más pereza. Ninguna lengua debe dar pereza. No se lo merece Juana Dolores ni, sobre todo, se lo merece la lengua. El catalán es un instrumento, como la azada del campesino o el bisturí de la doctora. Y los instrumentos no deben dar pereza. Yo animo a Juana Dolores a abandonar el catalán. Será una gran pérdida, lo digo con toda sinceridad, pero saldremos adelante. Y entonces, cuando ya se exprese en castellano, veremos si ante los linchadores, que siempre los hay, se plantea hacer lo mismo.