Como si no tuviéramos bastante con la previsión de conciertos para dentro de tres años o el estreno de nuevas temporadas de series que ya hemos olvidado, ahora aparece otro fenómeno para el cual debemos estar preparados y ensayados: el eclipse solar del 12 de agosto. Un espectáculo que no se repetirá en nuestro país hasta el año 2180 cuando, previsiblemente, los que ahora somos vivos seremos todos muertos o, en el peor de los casos, reencarnados en hologramas de nosotros mismos estresados por ver si tenemos la oportunidad de ver un nuevo eclipse. Claro que nadie está obligado a ver nada por irrepetible que sea, pero con la obsesión actual por demostrar que estás en todas partes y que no te pierdes ni una, no solo hay que estar en el momento adecuado sino mucho antes, para asegurarte de que estarás en el lugar exacto cuando llegue el día que se convertirá en noche. Esta vez no hay ninguna promotora que ponga las entradas a una hora concreta para colapsar internet, pero sí que hay unas nubes que dan la lata y te impiden disfrutar de la previa de un espectáculo que también puede contar con los imprevistos meteorológicos. Y es que la ventaja de todo esto es que eluniverso tiene la exclusiva absoluta, y los cambios en la atmósfera, la sartén por el mango en cuanto al éxito del acontecimiento. Aquí no se contempla el error humano. Que siempre es un respiro. La otra ventaja es que, si no has ensayado, también tienes derecho a disfrutar del espectáculo, si es que ese día puedes llegar al lugar, porque ahora mismo no quiero imaginar las idas y venidas del 12 de agosto. Lo que tradicionalmente ha sido un mal día para celebrar tu cumpleaños, porque en agosto no hay nunca nadie, puede cambiar radicalmente este año. Será el cumpleaños más multitudinario que hayas tenido nunca, especialmente si eres del sur y invitas a la gente a tu casa. Porque, por cierto, la justicia poética es que este fenómeno donde se verá mejor es en el sur del país. Y cuanto más al sur, mejor. Que es una frase que no se puede decir a menudo porque el sur está acostumbrado a recibir, sí, pero no fenómenos astronómicos de la magnitud de este eclipse. Es decir, que el privilegio recaiga en el sur es un hecho casi tan insólito como que la Luna se interponga entre la Tierra y el Sol y lo podamos ver.
Pero, ventajas y justicias poéticas aparte, es interesante ver este eclipse como un símbolo, porque este fenómeno nos dejará a oscuras cuando todavía no se habrá hecho de noche. La frivolidad del verano también se apagará durante unos minutos y el ambiente se enfriará de golpe, como pasa cada vez que la oscuridad se impone de una manera brutal al planeta y no precisamente por causas naturales. Por eso no estamos nunca preparados ni ensayados. Cada vez que el mundo está a oscuras no sabemos cómo ponerle luz. Cada vez que un psicópata impone la negrura nos preguntamos dónde teníamos las gafas adecuadas para verlo, por qué se nos escapó. Cada vez que un conflicto arrebata la tierra de vida nos deja la mirada llena de lágrimas y, al mismo tiempo, de alivio. Esta vez no nos ha tocado a nosotros. Aunque los otros siempre somos nosotros.
Podemos saber la hora y el lugar exacto que la Luna pasará por delante del sol y su sombra nos oscurecerá el día, pero todavía no sabemos qué sombra pasa por la cabeza de los hombres que deciden oscurecernos el mundo. Lo que sabemos es que, de la misma manera que el eclipse solar se repetirá y que volverá a pasar aquí cuando nosotros ya no estemos, la maldad humana persistirá en este mundo que se mantiene entre faros y naufragios mientras nosotros ensayamos cómo será ver un evento que tampoco podemos controlar.