Hace ya bastantes meses que casi todas las noticias y comentarios que nos llegan a través de los medios son poco agradables y preocupantes. No quiero exagerar esta visión, ya que también recibimos algunos agradables y esperanzadores; pero no puedo olvidar que tenemos, aquí y en todo el mundo, problemas graves y, lo que es peor, una gran desorientación que afecta tanto a las personas como a los organismos políticos y económicos.
He tenido recientemente la ocasión de reunirme o de compartir mesa con personas con altas responsabilidades. Prácticamente en todos los casos he encontrado una fuerte voluntad de actuar por el bien de los ciudadanos, pero con gran dificultad de hacerlo por una desorientación a la hora de prever el futuro. No nos extrañamos que esto genere desconfianza en los gobiernos y un peligroso crecimiento en todas partes de las extremas derechas e izquierdas.
Quiero hacer un pequeño comentario sobre los tres temas del título, que siempre he creído de gran importancia, y porque creo que seguirán siéndolo. Seguramente esta preocupación se debe a mis anteriores actividades, a la Comisión Europea, al ministerio de Industria y Energía, ya la radio y la televisión catalanas.
1. Unión Europea.No es ninguna exageración pensar que la UE está en un momento de crisis por causas externas e internas, y que el papel de Europa en el mundo va a cambiar de forma muy desagradable si no se toman decisiones urgentes. Hay causas externas muy claras de tipo geopolítico: la forma en la que hemos vivido durante toda la segunda parte del siglo XX la relación entre los países europeos occidentales y EE.UU. Y el notable desarrollo de China, tanto en el campo tecnológico como en el económico y el político, le está convirtiendo en un nuevo centro: traslada, en buena parte, a Asia y al Pacífico lo que antes era de Europa y del Atlántico; deja en una situación bastante difícil a Rusia, y obliga a los países europeos a aceptar la transición hacia un nuevo modelo.
Para evitar que todos los países europeos queden marginados de la política global, deben construir un conjunto cohesionado. Todos tenemos un volumen demográfico y un PIB económico suficientes para poder tener un papel en el mundo, pero nos falta unidad política. Mi idea es que debemos dejar de ser un conjunto de "países unidos por un tratado" y debemos convertirnos en una federación, probablemente con algunas características distintas de los actuales estados federales. Puede que algunos de los estados actuales no quieran federarse, pero no por eso debemos dejar de hacerlo. Creo que ellos saldrán perdiendo. Tal y como oigo decir a menudo, Europa debe elegir entre la unidad o la irrelevancia.
2. La nueva industria. A lo largo de los dos últimos siglos, una parte de la humanidad ha vivido una fantástica etapa industrial, gracias a la tecnología, la explotación de recursos minerales y la disponibilidad de grandes cantidades de energías fósiles. Estos elementos han supuesto grandes aumentos de la productividad y han creado mucho progreso y bienestar, pero también han generado muchas desigualdades y han puesto al límite la capacidad del planeta de acoger a más personas. Ahora, las llamadas "nuevas tecnologías" están aumentando las facilidades de movilidad, tanto de personas como de mercancías y elementos inmateriales. Debemos saber reorganizar el sistema de vida y consumo, tanto de los recursos naturales como de la energía que necesitamos. Por eso, en Europa hay que hablar de una reindustrialización basada en el uso de más tecnología, el aumento de productividad, la reutilización y la utilización compartida, y el uso de energías no contaminantes. No hace falta hablar de una etapa "postindustrial", sino de una "nueva industria" con estos objetivos.
3. Los peligros en la información. La aparición y rapidísima extensión de las nuevas tecnologías de la información, y más recientemente de la IA, han significado un extraordinario aumento de la capacidad humana en la creación, distribución y utilización de la información. No hace falta explicar ahora los aspectos positivos que tiene, pero sí es necesario recordar los aspectos negativos relacionados con la facilidad de generar información falsa de todo tipo. También es necesario recordar el peligro de la distribución dirigida a conseguir resultados concretos, teniendo en cuenta que las personas tomamos decisiones en función de los conocimientos y las informaciones que recibimos. Esto es peligroso tanto en el campo personal como en los campos económicos y políticos.
Por eso es imprescindible que la UE establezca regulaciones orientadas a evitar estos efectos para proteger a sus ciudadanos. Al mismo tiempo, es necesario que sea dura a la hora de pedir que los demás estados tengan también regulaciones al respecto. La libertad de expresión tiene unos límites, y la falsificación de la realidad no puede aceptarse. Es necesario que haya unos mecanismos que analicen el rigor de lo que se distribuye.