19/04/2021

La gestión de las residencias, un balance pendiente

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Una mujer en una residencia.
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La Generalitat todavía tiene cuatro residencias bajo control público y ha clausurado cuatro más desde el inicio de la pandemia. En total llegó a intervenir 36 residencias geriátricas por su mal funcionamiento, ya sea por carencias en las medidas de seguridad e higiene o por otras causas. Las casuísticas son muy variadas y es evidente que la confluencia entre un virus que se ensaña con las personas mayores y unos centros cerrados en los que hay mucha gente reunida en poco espacio hizo que muchas residencias se encontraran sin medios ni conocimientos para hacer frente a la oleada de contagios y muertes que les vino encima. Dos tercios de los 12.784 fallecidos por la pandemia en Catalunya eran residentes geriátricos, y la mitad, unos 4.400, murieron en la misma residencia, puesto que no fueron trasladados a un centro hospitalario, porque se hizo tarde, porque no había tratamiento posible para ellos o porque los centros estaban colapsados.

En todo el país y en el Estado, y de hecho en todo el mundo, empezará en los próximos meses y años el balance de lo que pasó en los centros geriátricos. Ha sido un problema global que posiblemente obligará a hacer replanteamientos importantes sobre la gestión y el control de estos centros. Con la perspectiva que en los próximos años aumente considerablemente el porcentaje de gente mayor –sobre todo por el hecho de que está llegando a esta franja de edad la generación del baby boom, la más numerosa del siglo–, será importante replantear un sistema asistencial que, sin duda, hará cada vez más falta. Y para poderlo hacer hay que revisar y analizar a fondo qué pasó en los primeros meses de la pandemia. A pesar de que en algunos casos puede haber habido comportamientos negligentes o incluso criminales que tendrán que acabar en los tribunales y pueden merecer un castigo penal, seguramente la gran mayoría de casos los provocó una situación que desbordaba al personal del centros, que no tenía suficientes medios ni conocimientos para hacerle frente. Las investigaciones que se hagan son fundamentales para averiguar qué no funcionó o se hizo mal y, partiendo de esa base, crear los protocolos que impidan que esto vuelva a pasar.

De momento, la buena noticia es que ahora mismo solo hay una residencia en todo Catalunya con algún caso positivo. Es decir, la vacunación en estos centros, que se ha priorizado desde el primer momento, ha funcionando y ya no hay ni contagios ni muertes por covid. La situación fuera de los centros, sin embargo, todavía no está controlada. La Generalitat ha flexibilizado mucho las restricciones pero, al fin y al cabo, cada residencia tiene unas casuísticas diferentes que pueden exigir más o menos apertura. Aun así, ahora que ya están vacunados y que se está demostrando que la inmunización ha funcionado, es importante que puedan recobrar al máximo la vida social y disfrutar de la compañía de los suyos. Algunas asociaciones de familiares se quejan de un exceso de celo de las direcciones de las residencias que perjudica la salud mental y anímica de muchos abuelos. El exceso de cautela se entiende por todo lo que ha pasado, pero en muchos casos no tiene justificación una vez se ha demostrado el efecto de la vacunación, y no hace más que alargar un sufrimiento que se podría evitar.

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