Si hoy preguntáramos a los responsables políticos por qué queremos la enseñanza, me da la impresión de que no sabrían qué contestar. Es terrible porque, como se ha visto con la visita del Papa, cuando hay un vacío, enseguida alguien corre a aprovecharlo. Políticos y pedagogos comenzaron a depredar una tradición milenaria y hemos llegado al desastre de hoy, en una espiral de degradación que ha corroído la enseñanza hasta la raíz.Hace unos días, la manifestación de bibliotecarias se unió a la del personal docente, y cualquier día se añadirán los médicos. De estas tres encarnaciones del humanismo, la educación es el pilar central, porque indica el grado de responsabilidad en la transmisión de una herencia. Es como tener hijos: ¿por qué quieres, si no crees en la vida? Como siempre, alguien corre a llenar este vacío, y ahora nos encontramos en plena carrera hacia el hombre algorítmico, que delega su responsabilidad en la inteligencia artificial. No hace tanto, todavía nos oponíamos por principio a ser sustituidos por los robots, y nos asustaba.Por un tiempo, pareció que el humanismo podría refugiarse en los libros. Pero incluso de los libros se le puede echar. Las bibliotecas podían haber tomado el relevo a los institutos como centros culturales de cada ciudad. A pesar de haber sido la niña de los ojos del humanismo (o la confianza en el futuro), han acabado sufriendo el mismo proceso de degradación.
Y han comenzado a hacer unas huelgas que miro con tanta simpatía como las de los maestros porque reivindican lo mismo, revertir la degradación de las últimas décadas. Piden que se unifiquen unas condiciones laborales que ahora dependen del azar de cada ayuntamiento. Piden la actualización salarial y unos horarios dignos. Piden liberarse de la burocracia, esa hija de la hipocresía que crece como una hierba venenosa en los vacíos que deja la irresponsabilidad. Piden que se actualice el Mapa de Lectura Pública, que determina las características de cada biblioteca, y que no se pone al día desde 2014. Piden que se trate a las bibliotecas con el respeto que se merecen y que no pase como con la enseñanza, depredada por intereses ajenos.Cuando mi bibliotecaria me explica que se encuentra usuarios que le piden que les ayude a hacer la declaración de la renta o que alguna vez tiene que llamar a los municipales por malas conductas en la biblioteca, me doy cuenta de que, en todas las profesiones, la desatención y falta de respeto de los superiores se esparce hacia abajo. Hay un manifiesto de Bibliotecas en Lucha que se puede firmar en internet para dar apoyo a estas reivindicaciones. Yo ya lo he hecho.