La Mesa del Jabalí
Con gran criterio, y ante la emergencia, el Govern "constituye la Mesa del Jabalí para reducir los conflictos derivados de la sobreabundancia de la especie en Catalunya". El verbo "constituir" es del propio Gobierno y me parece muy adecuado, porque "baste", por ejemplo, o "construye" serían demasiado literales y llevarían a equívocos. No es que nuestros políticos se hayan puesto a ebanistas. Ahora bien, una Mesa del Jabalí puede ser muchas cosas. ¿Quién se sienta en una Mesa del Jabalí? ¿Los jabalíes? ¿Y qué se sirve en esta Mesa? ¿Civet?
Constituir una mesa y sentarse es la mejor manera de demostrar que un problema o asunto te preocupa. Sentamos que debemos hablar, dices. Pero, por alguna razón, esta mesa no la veo de oficina, con tazas de café con leche y jarras de agua, algún papel de móviles, como la "mesa de diálogo". No la veo de cristal y acero inoxidable. Por culpa del nombre que lleva –Mesa del Senglar–, la veo más bien de las de masía, larga y con mantel de pañuelo de hacer fardos. La veo con porrones, pláteras de secas y butifarras. La veo en una cocina donde, encima del hogar, hay justamente una cabeza de jabalí disecada. Quienes se sientan, nuestros políticos, tampoco los veo vestidos de etiqueta, como cuando hacen reuniones. Me los imagino, más bien, con chalecos de cartucheras, botas de agua y pantalones caquis. No me hagan describirles más. Para describirlos más, tal y como me los imagino, qué pobres resultan las palabras.