La ex vicepresidenta  valenciana Mónica Oltra en el momento de su llegada en la Ciutat de la Justicia  de Valencia.
25/02/2026
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La noticia, que puede leer en la crónica de Daniel Martín Fernández en este diario, es que la Audiencia Provincial de Valencia vuelve a abrir su causa contra Mónica Oltra (que fue dirigente de Compromís y vicepresidenta de la Generalitat Valenciana con los gobiernos del Botánico) por el supuesto encubrimiento de los abusos contra una menor cometidos por su exmarido, Luis Eduardo Ramírez. El magistrado Pedro Castellano (que preside la sección cuarta de la Audiencia Provincial valenciana, conocida por su sesgo favorable al Partido Popular en otros casos anteriores), junto con las magistradas Isabel Sifres y Clara Eugenia Bayarri, ha decidido reabrir el expediente, a petición de organizaciones de extrema derecha que ejercen las acusaciones populares por la agitadora ultra Cristina Seguí) y del abogado de la víctima, José Luis Roberto, que fue presidente de España 2000 y otro personaje destacado de la ultraderecha valenciana. Los magistrados han desestimado, en cambio, el parecer del juez instructor e incluso de la Fiscalía, que habían descartado ningún atisbo de conducta delictiva por parte de Oltra.

El de esta política valenciana es un caso de persecución, ensañamiento y guerra sucia judicial de libro. Y sirve de agrio recordatorio de dos características muy marcadas de los vencedores de la Guerra Civil Española y sus herederos ideológicos: el revanchismo y la difamación. No tienen adversarios: tienen enemigos. Y no les basta con vencer al enemigo: necesitan destruirlo. Una vez se le ha tomado la posición y el poder, una vez se le ha despojado de toda preeminencia, será necesario proceder a su demolición personal. Uno de los instrumentos preferidos de las derechas españolas para conseguir esto es la difamación. Colgar de mentiras, cuanto más hirientes mejor, el nombre de esa persona, que después tendrá que dedicar su vida a intentar limpiarse del alud de mierda que le ha caído encima, la mayoría de las veces sin conseguirlo del todo. Si en la difamación se pueden ensamblar también los familiares y las personas queridas del objetivo a destruir, mejor aún. La dictadura franquista consistió, entre otras cosas, en cuarenta años de difamación y escarnio contra las familias de los miles de personas ejecutadas, torturadas y encarceladas por el fascismo.

Mónica Oltra nos recuerda que la derecha española no conoce la concordia, por mucho que apele cínicamente a esta palabra para oponerse a las políticas de memoria histórica y democrática. Tampoco conoce la piedad ni cuando es suficiente, porque nunca le basta. Una vez ha mordido, ya no abre las barras: sigue mordiendo hasta mucho más allá de lo que pueda tener sentido. A Pepe Rubianes, por ejemplo, le pedían responsabilidades penales, incluso cuando ya estaba muerto, por haber "faltado al honor", en tiempos de la polémica por los papeles de Salamanca, al alcalde de la ciudad, Julián Lanzarote. Porque, no lo olvide, estos difamadores revanchistas son patriotas con honor.

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