La cofradía de la Sangre de Sagunto, que es un nombre extraordinario, ha rechazado, de nuevo, por mayoría, la entrada de mujeres como cofrades. El gobierno español, siempre dispuesto, ha presionado para hacerla mixta, pero, ay, 267 cofrades han votado en contra. 114 a favor. Rechazado, como en el 2022. Esta vez, sin embargo, planeaba una amenaza: la de la retirada de declaración de la Fiesta de Interés Turístico Nacional.
Yo creo que es un acierto haber conseguido que en esta procesión de Semana Santa las mujeres no puedan participar. Que las mujeres participen haría la fiesta igualitaria, y la gracia de las fiestas religiosas es justamente su sexismo. Como en la monarquía, en la Iglesia los hombres tienen más privilegios. Las mujeres hacen de auxiliares. Pero es que si la monarquía o la Iglesia fueran igualitarias perderían su razón de ser. La monarquía debe ser sexista y clasista, porque si no deja de ser monarquía y se convierte en república. La Iglesia debe ser machista, porque si las mujeres resulta que ya pueden participar en una procesión dejarán de ser la escama del pecado y la religión se va al garete.
Yo creo que ya fue un gravísimo error dejar de decir la misa en latín y de espaldas al público. Se empieza mirando a los ojos de los congregantes y se acaba pidiéndoles aplausos y risas. Quedan muy pocas instituciones retrógradas y nuestro deber es preservarlas. Éste es el interés nacional. Ver un campo de nabos que desfila, hombre. Quiero decir, mujer.