Si no le gusta este ultimátum, tengo otros
Lanzar un ultimátum al enemigo, comprobar que no funciona y posponerlo cinco días en aras de unas negociaciones "muy productivas" con una personalidad "muy importante" del bando contrario, y que el enemigo niegue estas conversaciones, debería ser de perdedores, de acuerdo con el lenguaje con el que Donald Trump se refiere a todo el mundo.
Pero Trump dice que gana incluso cuando pierde. De hecho, debe estar enormemente satisfecho de ver cómo una palabra suya hace subir las bolsas y bajar el petróleo. Aunque no ha amenazado con bombardear Wall Street y las sedes de las principales petroleras occidentales por haber tenido la cobardía de reventarle las cotizaciones de las bolsas, disparar el precio del galón de gasolina que pagan sus votantes y amenazarle con una inflación imposible de maquillar.
Este episodio del ultimátum no es un giro de guión, porque ya se ve que en esta guerra de Irán, guión sólidamente estructurado no hay ninguna por parte estadounidense (otra cosa es la determinación sistemática de la parte israelí). Aquí lo que existe es la necesidad de ocupar todo el espacio. Trump vive de ser el noticiable jefe, el comandante jefe delbreaking news, el editor que decide con qué noticia abrirán los informativos y elanchor que le anunciará en el mundo. Trump es dependiente de tener el mundo pendiente de una palabra suya y hacerlo de acuerdo con un mecanismo sencillo: si eres políticamente incorrecto, los canales te darán cobertura todo el rato que seas capaz de aguantar hablando. Si ya le funcionó cuando era candidato, ¿por qué no debe funcionarle ahora, que manda el ejército más poderoso del mundo?
Por eso, la actividad favorita del presidente estadounidense es hablar, hablar en el Despacho Oval detrás de la mesa o ante la chimenea, yendo hacia el helicóptero, a pie del avión, dentro del avión, donde esté, e ir saturando el mundo con sus intuiciones y su lenguaje. Aunque tenga que tragar un ultimátum.