Todos lo hemos vivido: una persona querida nos comunica que está pasando un trance y nos vemos empujados a reaccionar con él. Pongamos un caso desgraciadamente muy habitual: el amigo en cuestión nos dice que él o alguna persona de su familia está gravemente enfermo. Muchos, muchísimos de nosotros, a pesar de sentirnos realmente afectados por la noticia, nos limitamos a escribir un whatsapp. Por más oída que sea la frase, una vez queda escrita, queda reducida a un tópico: "Me sabe muy mal", "¡Ánimos!", "Si necesitas nada ya sabes dónde estoy", "Todo irá bien".
Todos lo hemos hecho, todos nos hemos sentido angustiosos después y todos hemos vuelto. Hasta que un día, el trance lo pasamos nosotros y nos damos cuenta de hasta qué punto estas frases en la pantalla del móvil pueden resultar banales y, a veces, contraproducentes.
¿Cómo lo hacíamos cuando no había móviles? Según podemos recordar vagamente o nos cuentan las novelas y películas ambientadas en el siglo pasado o más atrás, las personas que recibían una mala noticia iban a ver a la persona afectada y trataban de consolarla con la compañía y un buen abrazo. Ahora no lo hacemos porque todo se ha vuelto complicado y vamos siempre ajetreados y no solemos vivir cerca de las personas que amamos. Pero, si pensamos un poco, debemos reconocer que, seguramente, el factor decisivo de este cambio en el comportamiento es que la tecnología nos ha acostumbrado a resolverlo todo de una forma rápida y fácil, indolora.
Es probable que la tecnología avance tan rápidamente como van menguando nuestras habilidades sociales. Cuando un amigo necesita apoyo y consuelo, escribimos "¡Ánimos!" en WhatsApp porque no sabemos cómo hacerlo de otra manera. Porque si fuéramos a verlo —a pesar de las distancias y los horarios— tampoco sabríamos qué decirle.
Estas frases de pésame o de apoyo, si se acumulan en un chat de varias personas, acaban perdiendo cualquier rastro de humanidad y resultan casi ofensivas para la persona que sufre.
Es muy difícil estar al lado de alguien que sufre. Nos incomoda y nos da miedo. A menudo optamos por no hablar abiertamente del sufrimiento ni de la pérdida y nos empeñamos en "distraer" a aquella persona que, muy probablemente, sólo tiene ganas de hablar, precisamente, de su dolor y su pérdida.
La empatía, saber escuchar, saber consolar, saber abrazar son habilidades cada día más escasas. Hay personas que nacen con esta facultad, algunas se esfuerzan en adquirirlas y otras ni se dan cuenta de que las tienen. Muy a menudo también lo hacemos fatal con la mejor de las intenciones. ¡Ah! Y todavía se puede avanzar un paso más hacia la estupidez y buscar la frase adecuada de pésame al refotudo ChatGPT.
Esta forma de mostrar nuestro apoyo sólo cumple un objetivo, que es tranquilizar nuestra conciencia. Ante la perspectiva de una larga noche en un hospital, leer "Todo irá bien" en la pantalla del móvil no es nada, no significa nada. A lo sumo, sólo significa que la persona que lo ha escrito está pensando en la que vive la situación angustiosa. Y es triste, pero no solemos darnos cuenta hasta que somos nosotros los que aprendemos lo dura y triste que puede ser una noche en el hospital.