Cientos de personas hacen cola para obtener los documentos que faciliten su regularización en L'Hospitalet de Llobregat.
25/04/2026
Filósofo
2 min

La lenta pero segura claudicación del PP ante Vox ha encontrado un punto de anclaje en el principio de prioridad nacional, bandera de las negociaciones en curso y coartada para los déficits neoautoritarios. Las derechas siempre se han movido en la lógica simplista de los buenos y los malos, de los nuestros y los otros, dando por entendido que de esta manera se dibujan los límites de lo que es aceptable y que lo que no se acomoda a ello es enemigo. Y siempre han tenido la inmigración en el punto de mira como territorio de la sospecha.

En España el tema aún es más sensible. Por mucho que la derecha quiera negarlo, el Estado contiene dos naciones más: Cataluña y el País Vasco, gran factor de tensión con el nacionalismo español, porque patria no hay más que una y a ti te encontré en la calle. Dada que la lógica de los míos y los otros es inherente a toda conciencia nacional, no es evidente para un catalán ser español ni para un español aceptar que los catalanes son catalanes; de hecho, muchos lo viven como una provocación. La inmigración masiva de los últimos tiempos ha abierto nuevas conflictividades. Cada vez son más los ciudadanos de España con conciencia nacional extranjera. Y, sin embargo, en una sociedad democrática, no es la conciencia patriótica sino la ley y los derechos individuales reconocidos a las personas lo que configura la ciudadanía y la sitúa como sujeto portador de derechos y deberes.

Con la presión migratoria –como si los que vienen de fuera a ganarse la vida nos vinieran a quitar algo– la cuestión nacional vive una fase de radicalización en toda Europa. Las extremas derechas ganan espacio y llegan a alcanzar opciones reales de gobierno, como en Francia o Italia. Las derechas viven la presión con incomodidad: ahora mismo, los neofascismos acorralan a las derechas liberal-conservadoras para que adopten parte de sus postulados. Lo vemos en España, donde Vox y el PP han roto las barreras, y Feijóo compra parte de la película a los de Abascal. Y de aquí sale la "prioridad nacional", un eslogan neofascista que pretende demonizar lo que viene de fuera y que incomoda a los nacionalismos periféricos. Al mismo tiempo, vulnera el principio democrático de igualdad ante la ley. Son los derechos –no las adhesiones incondicionales– lo que marca los límites en democracia. Y la prioridad nacional, tal como Vox y el PP la entienden, abre un peligroso camino: la prioridad discriminacional como vía hacia el autoritarismo postdemocrático.

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