El presidente de Andalucía, Juanma Moreno, saluda al portavoz de Vox, Manuel Gavira, después de ser investido en el Parlamento andaluz
05/07/2026
Periodista y escritor
3 min

1. Juanma Moreno Bonilla dijo que no quería repetir como presidente de Andalucía si tenía que tener Vox dentro del gobierno. Al final, como tantas otras comunidades autónomas donde el Partido Popular ganó pero se quedó corto, Andalucía también tendrá un gobierno de coalición de la derecha con la ultraderecha. Moreno Bonilla, a contrapelo, se ha tragado sus principios y ha tenido que ceder. Ha acabado aceptando los postulados de Abascal y ya tiene un vicepresidente de Vox en su gobierno que le enmienda la plana antes de la investidura. “Y lo que te rondaré, morena”, que dirían en Sevilla, en otra expresión popular que ya debe estar cerca de alguna bandera roja.

2. Ideológicamente, cada vez que Vox hace valer sus escaños para entrar en un gobierno, impone su discurso de la “prioridad nacional”. Y el PP lo acepta. La prioridad nacional, por decirlo raso y corto, sería “España para los españoles”. Y si sobra algo, que se aprovechen los recién llegados. Para los inmigrantes, las migajas. Para desmarcarse los unos de los otros, han redactado unas definiciones sobre el tema que se percibe en los matices. Mientras para el PP la prioridad nacional significa premiar el arraigo de un territorio sin que importe su nacionalidad, para Vox hay que priorizar a los españoles por delante de los inmigrantes en el acceso a los servicios públicos. Esto es la teoría porque, en la práctica, han encontrado una intersección que es un ejemplo de eufemismo al por mayor. Al fin y al cabo, el acceso a las prestaciones y ayudas públicas irá —dicen— en función de un “arraigo real, duradero y verificable”. ¿Y el arraigo cómo se cuantifica? Con una macedonia de baremos como el tiempo de empadronamiento, los vínculos sociales y la trayectoria de cotización. Es decir, un fuego de paja donde cada casa es un mundo y la cuantificación es tan subjetiva como nada clara. Les importa un bledo. Les importa que quede una idea en el imaginario colectivo: “Primero, los españoles”.

3. La semana pasada, sin embargo, sintiendo cómo se ponía nervioso Aznar cuando Feijóo habló con la boca pequeña de pasar página con el Procés en Cataluña, volví a pensar una cosa que me pasa recurrentemente por la cabeza. ¿Cuál es, de verdad, la “prioridad nacional” de estos dos partidos? Cataluña. No es solo que les preocupe el secesionismo, no es que les indigne el independentismo que pone en riesgo —de aquella manera— la unidad de España. Es que les molesta Cataluña, sin más. El anticatalanismo les ha dado más votos que el miedo a la inmigración. Vox se ha hecho grande con la catalanofobia. Creció, exponencialmente, a raíz de ser la acusación particular en el juicio del Procés. A los ojos de los nacionalistas españoles, fueron los valientes que plantaron cara al independentismo. Son dos partidos que continuarán poniendo todas las trabas a una amnistía efectiva y que mantienen la obsesión de ver a Puigdemont detenido y en prisión, que es lo que desean sí o sí. Recientemente, cuando Junts dijo al PP que si querían algo para cargarse a Pedro Sánchez fueran a negociarlo a Waterloo, el PP disimuló.

4. Que la “prioridad nacional” somos nosotros se demuestra con el odio a la lengua catalana. Lejos de verla como una riqueza de un estado plurilingüe, se han pedido firmas en contra, se han movido diplomáticamente para que Europa no nos reconozca la oficialidad, se han blindado para que no se hable en el Senado y, en cuanto PP y Vox manden en España, se habrá acabado la posibilidad de que los diputados se expresen en catalán en el Congreso. Mientras tanto, para investir presidentes populares en Mallorca, Aragón o Andalucía se pacta en contra del catalán por imposición de Vox y por aceptación de un PP servil, que dice amén y que no tiene ningún problema en pasarse la ciencia lingüística por el forro. Para llegar al poder lo que haga falta. Lo que nos tiene hasta las narices es que siempre reciban los mismos.

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