¿Por qué quiero la independencia?
1. Un resumen posible de la situación. España le ha dicho a Catalunya que la independencia nunca la tendrá. La represión judicial, policial, política y mediática nos lo dejó muy claro y aún pagamos sus consecuencias. ¿Y un referéndum de autodeterminación? Nunca. El Estado obtuso también nos lo ha dicho sin tapujos. ¿Y el concierto económico, al menos? Nunca. Haberlo pedido en su momento, como hicieron los vascos y navarros. ¿Y una financiación singular, pues? Nunca. Ya hemos visto cómo han respondido en cascada la extrema derecha, la derecha mentirosa de Feijóo y los varones más reconsagrados del PSOE. Si hace falta, pues, y para no ofender a tanta gente, le diremos financiación singular aunque no lo sea. Eso sí, ¿no? Tampoco. Ya hemos visto, este domingo, la respuesta de los presidentes de las comunidades autónomas donde manda el PP. Prefieren renunciar a muchos miles de millones de euros para los servicios de su gente antes de que Catalunya pueda vivir algo mejor. Así de absurdo y así de bestia. Y, ya puestos a renunciar a planteamientos... ¿qué tal algo de principio de ordinalidad? Ni en pintura. La teoría lo aguanta todo, pero en la práctica España no quiere permitir una solidaridad en la que la tercera comunidad que más paga sea la tercera que más recibe. ¿Por qué? Porque no sea dicho que Catalunya pueda salir nunca beneficiada en nada. Ante el "todo el mundo gana" que explica la ministra Montero para defender el nuevo modelo de financiación, el presidente socialista de Castilla-La Mancha clama para que "se abandone completamente el intento de cesión chantajista y de privilegios a los independentistas". ¿Qué privilegios?
2. Otro ejemplo. ¿Hablamos de infraestructuras? Gestionar el aeropuerto de El Prat es importante para el autogobierno. Pues bien, el pasado jueves, en un desayuno con público en Madrid –poca teca y mucha palabrería–, el presidente de Aena dijo que la gestión del aeropuerto tampoco será posible. "La cesión de la gestión sería nula de pleno derecho". El catalán Mauricio Lucena lo explica así y se queda tan ancho. Tema cerrado y que no se hable más. El mismo día se dio a conocer la empresa pública que, a medio plazo, debe solucionar el caos de los trenes de proximidad. Le han puesto el original nombre de Cercanías de Catalunya y, cuando miras al accionariado, resulta que la participación de Renfe sigue siendo del 50,1%, es decir, mayoritaria, no sea caso... Ni aviones, ni trenes, ni nada. Y seguimos diciendo amén a ese sucursalismo aseado, en el que el presidente Isla y muchos conciudadanos se encuentran tan cómodos.
3. ¿Hablamos de lengua? España forma parte de la UE hace cuarenta años, pero el catalán todavía no es oficial en Europa. Cuando el PSOE, por necesidad, ha movido la diplomacia internacional para intentar que diez millones de catalanohablantes no se sientan menospreciados, el PP ha activado todos los resortes de bajomano para impedirlo. Son los mismos que se ofenden para que en el Congreso se pueda hablar catalán, gallego o vasco. La urticaria no la tienen en pinganillo sino a una lengua y cultura que suponen, equivocadamente, que es un riesgo o una agresión para la española. Son los mismos que, todavía hoy, y tanto como siempre, niegan una evidencia científica como es la unidad de nuestra lengua.
4. ¿Por qué ocurre todo esto? Por cinismo, por ignorancia o por mala fe. Esta catalanofobia tan extendida, que da igual si es endógena o es atávica, no es exclusiva de un puñado de políticos y de las cloacas de un Estado con tantos tics franquistas. Me sorprende, eso sí, nuestro síndrome de Estocolmo hacia quien nos maltrata de forma constante, permanente y sistemática. Si sólo nos quieren sometidos, siempre y en todos los ámbitos, jodamos al campo. Sin prisa. Civilizadamente, pacíficamente, buscando animar a grandes mayorías, cambiando a los líderes de los pósters y, eso sí, sin un papel en el suelo.